Perfil de mujeres

Maruja

Retó al mundo porque decidió tener vida propia, porque amó como se le dio la gana y pintó igual.

Pequeña, dicen que feíta, flaca, de nariz grande, pelo corto, a pesar de su aparente falta de atractivos, Maruja Mallo revolucionó el Madrid de las primeras décadas del siglo XX y fue estandarte de la generación del 27. Esa generación trágica que debió exiliarse o volverse anónima en su mismo país. Amiga inseparable de Dalí y Lorca, Neruda y Gómez de la Serna, fue amante en esa década de Rafael Alberti que tanto no la olvidó que ni siquiera en Buenos Aires donde se exiliaron ambos, uno por cada lado, podía nombrarla. Maruja retó al mundo por entonces, no sólo porque decidió tener una vida propia, es decir, ajena a leyes, sino porque amó como se le dio la gana y pintó de la misma manera.

Nacida en 1902 en las costas de Galicia, Ana María Gómez González a quien su familia siempre llamó Maruja, y al que ella agregó el segundo apellido del padre. Así nació por segunda vez Maruja Mallo en el momento en que tuvo que firmar su primera obra o bien cuando el primer estudiante de la residencia estudiantil, la famosa resi, le preguntó quién era. Allí Lorca y Buñuel, Dalí y Pepín Bello, Rafael Alberti, entre otros, inventaron la vanguardia española que fulguró tanto como antes la del dadaísmo.

Vaya a saber cómo, en su condición femenina, ella se les sumó. Había llegado a Madrid a los 20 años para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y pronto, se dice que por su hermano, se vio envuelta, en aquellos días del Café Pombo, luego de la decisión de pertenecer al grupo del barrio de Vallecas, de escapadas, de peregrinajes a través de los mercados más variopintos de la gran ciudad, la época gloriosa del arte español del siglo XX destruido por la Falange y sus esbirros.

En los tiempos de correrías con Neruda y convites con Alberti, en los desafíos con Lorca o Dalí, ninguno de ellos soñaba en el horror que caería sobre su pueblo. No obstante de una etapa en que las series de la pintura de Mallo bosquejan en un surrealismo todavía muy influenciado por sus amigos. 

A partir de los 30 la pareja Alberti-Mallo se deshace, no sin regresos a veces terribles como cuando Alberti se entera que ella ha sufrido un accidente muy grave y corre a cuidarla durante semanas a la vera de su cama en el hospital. El quiebre de Maruja alarga el amor y la pareja retoma su vivir conjunto un tiempo para separarse, ahora definitivamente.

Quizás el siguiente gran amor de Maruja sea ese muchachito provinciano, andaluz como Lorca, quien ama la poesía pero no tiene herramientas para crearla entonces sueña con ir a Madrid y codearse con los poetas que le dieran algunas referencias. Se trata de Miguel Hernández y no sólo atrae a Maruja sino que su sensibilidad e inteligencia, al contacto con Neruda sobre todo, lo vuelven poeta. Así es como si antes Alberti poetizaba a la manera de la pintura de Mallo, ahora los versos del joven de Orihuela, se conmueven con los nuevos colores que ella da a sus cuadros. De la putrefacción y la descompostura de su primera pintura, Maruja abandona lo fantástico para entrarle a la humanidad del pueblo y sus penas. Los sueños se hacen posibles, de su primera exposición en el salón de Ortega y Gasset en 1928 se vuelve paseandera con sus cuadros en las mejores exposiciones. Del mismo modo, de sus Cloacas ycampanarios de la primera época pasa a la celebración del campo y sus trabajadores en Sorpresa del trigo. Preñada de utopías del mismo modo que el teatro La Barraca de García Lorca o la poesía popular de Alberti, Maruja se lanza a las misiones pedagógicas en su país natal, Galicia. Ya era amante del sindicalista marxista Alberto Fernández. Demasiado tarde, el horror no se hace esperar y estalla en julio de 1936. Escondida en la frontera con Portugal, asiste a matanzas atroces. Escapa de la mano de Gabriela Mistral en Portugal que la recomienda con Alfonso Reyes, embajador de México en Argentina.

Su refulgente itinerario ha concluido. Luego de una corta temporada de exposiciones y trabajos es olvidada en Buenos Aires. Regresa a España en 1965 y muere a los 93 años.

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