Perfil de mujeres

Mariana

¡Oh, qué día tan triste en Granada

Que a las piedras hacía llorar

Al ver que Marianita se muere

En cadalso por no declarar!

Federico García Lorca

 

La vida de Mariana Pineda (1804-1831) se resume en los versos de Lorca que dan inicio a la obra del mismo nombre que su heroína.

Mariana de Pineda Muñoz nace en Granada. Su sino trágico pareciera darse desde el principio, puesto que sus padres nunca se casaron, y por lo mismo su vida se vio rodeada de circunstancias difíciles de superar.

Doña María Dolores de Muñoz y el capitán de navío y caballero de la Orden de Calatrava, Mariano Pineda, vivieron juntos sólo hasta su nacimiento. Por fin, al saber que su hija sufría un mal crónico, Mariano la reconoce. Breve tiempo después acusa a la madre de haberse apropiado de bienes que supuestamente pertenecerían a su heredera.

Al conocer la denuncia Doña Mariana huyó con su hija, pero fue apresada y obligada a devolver la niña a su padre. Mariano Pineda murió poco después y otra vez la criatura pasó a las manos de su tío paterno, hombre todavía soltero, pero que al tiempo se casa con una mujer muy joven, Mariana se convierte así en un estorbo y el tío decide darla en tutela a una pareja a su servicio.

Las vicisitudes no terminaron allí, puesto que los nuevos padres aprovecharon su condición de tutores y pasaron la parte de la herencia que correspondía a Mariana a su propia hija; hay testimonios legales que muestran que todavía pocos años antes de morir ella sostenía un pleito para recuperar un viñedo de su padre.

Llevando la carga de su ilegitimidad y acaso a causa de ello, como sucede en la mayoría de los casos donde la rebeldía surge en contra de las leyes y la verticalidad del poder absoluto, Mariana Pineda abraza la lucha de los liberales en contra de Fernando VII. Antes se casa a los quince años con Manuel de Peralta, once años mayor que ella y quien le da dos hijos, un niño y una niña, para morir tres años después, en 1822.

Sola y a cargo de dos criaturas pequeñas, es en su casa pobre y desprovista, donde recibe a los enemigos del rey Fernando. Los miembros del Partido Liberal que sueñan con terminar las persecuciones de las cuales son objeto e instaurar un régimen más benigno. Con ellos da lugar a la esperanza propicia a su corazón desventurado, con ellos sueña con cambiar el Orden y la Ley absolutos. 

En esos tiempos de conciliábulos y activismo clandestino, gesta un hijo de su relación con el abogado José de la Peña, quien, a su vez, no reconocerá a su hija hasta mucho después.

En medio de sus circunstancias personales, la dificultad económica, los hijos a su cargo, los sueños que de todas maneras ella aventura, hablan de su ética inquebrantable a favor de la libertad y la justicia. Su condición de mujer y desprotegida resultan inmejorables para la persecución y el castigo del Poder hegemónico. La Policía real entra en su casa, la requisan, y encuentran una bandera a medio bordar que supuestamente es consigna de los insurrectos. Inútil resulta la defensa queriendo mostrar que se trata de una bandera que nada tiene que ver con el asunto que se la imputa. Los funcionarios representantes del Rey no dudan en que atacando lo más débil, una mujer, una muchacha sin recursos de ningún tipo, seguramente van dar con el grupo de liberales.

Pero Mariana, mujer, débil, es no obstante poderosa en su condición de sujeto pleno, leal e íntegra, tal vez de lo que carecen sus enemigos. No delata, más aún calla con obstinación la lista de personas que pudieran salvarla. El desenlace es previsible: se le aplica la pena de muerte del garrote vil, ese espantoso instrumento que consistía en un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola que al girar, causaba la rotura del cuello. Rara vez su aplicación fue óptima porque en realidad la víctima moría por estrangulamiento.

Así Mariana concluye su ciclo, nacida para el amor no para el odio, su vida fue sesgada por la malicia de los hombres que vieron en ella la víctima propiciatoria para sus fines.

Mírame y llora, ahora empiezo a morir, el poeta encarna en la voz de Mariana Pineda, su propio destino.

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