Perfil de mujeres

Julia de Burgos

¿Qué es lo que esperan?

¿No me llaman?

¿Me han olvidado entre las yerbas, mis camaradas más sencillos, todos los muertos de la tierra?

Julia de Burgos


Julia Burgos (1914-1953) pareciera ser el epígono de todas nuestras soledades en tanto creadoras a contracorriente, contra viento y marea, que no es otra cosa que la condición del mundo en que vinimos a dar. Y por muchas cuestiones que la vuelven paradigma de nuestro ser lábil, no legitimado, a causa dicen, de nuestra sinrazón.

En principio nacida en Puerto Rico como si esto también fuera signo de la independencia acotada que significa ser territorio incorporado a EU, del mismo modo que la mujer incorporada al vivir del hombre. Ella lo sabe bien y se inventa un camino propio a través del acto poético. Yo quise ser como los hombres quisieron que fuese//un intento de vida//un juego al escondite con mi ser… pero aprende a habitar la palabra, a habitar el presente. Nacida en Santa Cruz, pequeña población de Carolina, ocurre que de sus trece hermanos es la única que llevará estudios formales hasta la universidad. Lee a los grandes poetas hispanoamericanos.

Viaja reconociendo su tierra al tiempo que comunica su poesía y su ideario:

la independencia de su país. Forma parte de Hijas de la Libertad, grupo perteneciente al Partido Nacionalista de Puerto Rico. Ser mujer, reconocerse, escribir, la transforman: se me torció el deseo de seguir a los hombres.

Sin embargo, su destino está sesgado por la dualidad que ella misma desafía en su poesía. Si se casa en Nueva York con Rubén Rodríguez Beauchamp, el amor de su vida será el político y Dr. Alex Isidro Jiménez Grullón, a quien están destinados sus más bellos poemas. Del mismo modo que su condición de dama que alterna con una sociedad elitista, se quiebra frente a la poeta que canta sus amores sin la menor discreción. Y cuya palabra reveladora la enfrenta y la doblega para hacerse pueblo, para no conformarse con roles impuestos, para aspirar a la propia identidad y también cantarle a José Martí y sus ideales latinoamericanos. Y para reconocer la índole de sus contradicciones.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer; Julia de Burgos.

Muchas veces se nombra a sí misma como si nunca fuera suficiente decir su nombre demarcándola del rol social que hubo de cumplir dentro del orden previsto.

También subrayando que el género puede ser revelado desde la autoconciencia.

Y lo que la hace más patéticamente nuestra, indicio de nuestras anonimias y desapariciones del canon del arte y las ciencias occidentales, como lo hemos visto ya con numerosas historias de vida de mujeres creadoras, su trágica y emblemática muerte.

En sus últimos años, no se discurre por la dualidad sin aunque más no sea una porción de pérdida existencial, se vuelve alcohólica. Pierde conciencia y cae en pleno Harlem de Nueva York. No lleva papeles de identidad.

La trasladan a un hospital del mismo barrio, sin saber quién es y menos a quién llamar. Muere de pulmonía. Imposible saber bajo qué identificación enterrarla.

Jane Doe es la manera de darle nombre en su entierro. En lenta peregrinación algunos amigos rastrean su desaparición hasta dar con ella, para finalmente enviar sus restos a Puerto Rico.

Por eso decía al comienzo que Julia de Burgos se me hace el símbolo manifiesto de nuestras desapariciones forzadas a causa de un mundo que no hemos podido integrar en la mayoría de los casos. Y al mismo tiempo que no hemos sabido cómo hacerlo. La libertad y la autoafirmación que promovió en cada uno de sus versos esta gran poeta latinoamericana no le alcanzó, y no nos alcanza todavía, para habitar la historia a pleno, con nuestros actos y creaciones.


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