Perfil de mujeres

Hertha

Los errores son difíciles de matar, pero un error que atribuye a un hombre lo que era en realidad el trabajo de una mujer tiene más vidas que un gato.

Hertha Ayrton

 

Generalmente la inclinación hacia la creación producto de lecturas y estudios desde la niñez es el resultado de una pérdida o una ausencia, lo que fue nuestro y perdimos o lo que nunca nos perteneció. En el caso de las mujeres científicas, uno se pregunta qué las lleva a desafiar los límites impuestos por la costumbre patriarcal, la cual afirma que las niñas no sirven para las matemáticas ni para nada parecido al pensamiento y la observación de fenómenos físicos. Hertha Marks, casada con el científico William Ayrton, debe haber sufrido los embates de estos prejuicios. Sin embargo, su contundencia no la inmovilizó, ella observaba el mundo y se extasiaba frente a las olas que dejan su marca en la arena o a las curvas que producen en el cielo el paso de las estrellas. Soñaba, sí, en la pura reflexión.

Nació como Phoebe Sarah Marks, en 1854 en Inglaterra. Hija de un inmigrante polaco y de una costurera vasca. Una prole numerosa de hijos habrá hecho de Hertha una huérfana de padre, él muere cuando ella tenía seis años, pero también de madre, pues ésta la deja en manos de una hermana poco tiempo después. Felizmente su tía, junto con su esposo, dirige una escuela donde se educa con francés y música como corresponde a una niña, pero también con latín y matemáticas a causa de sus primos, con los cuales convive.

A los dieciséis años, Sarah comienza a trabajar como institutriz en Londres, y envía dinero a su madre y hermanos.

Allí conoce a Ottilie, de familia judía, quien la bautiza Hertha y la anima a presentarse a los exámenes de Cambridge en secundaria. Desde entonces sólo recibirá premios y honores cuando de ciencias se trata.

En la vida de Hertha las mujeres hicieron de hadas. Es otra mujer, feminista y luchadora, Bárbara Bodichon, quien terminará de pagar sus estudios. Hertha debió inscribirse informalmente en los estudios superiores de Cambridge, pues esta institución no otorgaba créditos universitarios a mujeres, como bien lo lamenta Virginia Woolf. Lo cierto es que el empuje de su inteligencia echa abajo premisas y límites. Construye un esfigmógrafo para registrar el pulso en las arterias. Inventa una línea divisoria que consta de una serie de paralelogramos, diseñados con el propósito de dividir una línea en cualquier número de partes iguales. Y son sus amigas feministas quienes reúnen el dinero Camsuficiente para patentar tales hallazgos.

Esta última invención se exhibió en la Exposición de Industrias de la Mujer y recibió mucha atención de la prensa.

En 1884 conoce a su futuro esposo porque se inscribe en sus clases de ingeniería eléctrica. Un año después se casan. Ayudándolo en su laboratorio, es como Hertha desarrolla la teoría de los arcos eléctricos, de tal importancia que no sólo es publicada en 1895, sino que se la invita a leerla en la Institución de Ingenieros Eléctricos años después.

Pero ella es mujer y ha sufrido y sufre las consecuencias, educa a su hija a quien bautiza con el mismo nombre de su benefactora Bárbara Bodichon, para que sea tan fuerte como ella. Así, madre e hija enfrentarán sus limitaciones, Hertha organizando grupos sufragistas y sociedades políticas de mujeres, Bárbara entrando a la vida política hasta llegar al Parlamento como diputada. Más tarde, otra vez Hertha promoviendo la inclusión de las mujeres desde la dirección de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia.

El epígrafe que inaugura este artículo está dedicado a madame Curie, su amiga, a causa de aquel terrible error machista que adjudicó a su esposo el descubrimiento del radio, que en realidad había sido suyo. Hertha hizo una ardiente defensa en los periódicos de la compañera, con quien hubo de compartir tantas injusticias.

Después de patentar más de 25 invenciones, todavía hace su aporte a la vida de los soldados de la Gran Guerra, al inspirar con sus investigaciones el ventilador Ayrton que se usó en las trincheras para defenderse de la mortífera propagación de gases.

Al igual que Marie Curie, muere por envenenamiento de la sangre en 1923.

Hertha nunca supo lo que significaba claudicar, ni como luchadora feminista ni como científica. Su fama no alcanza a dar cuenta de la magnitud de su proeza.

 

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