Perfil de mujeres

Hermila

…Para que la mujer mexicana, que no se ha excluido

en la parte activa revolucionaria,

no se le excluya en la parte

política y que, por lo tanto,

alcance de la nueva situación,

derechos siquiera incipientes, que la pongan en la senda

de su dignificación,

del que en gran parte dimana

la dignificación de la patria.

Hermila Galindo

 

Hermila Galindo (1896-1954) es una de las mujeres más adelantadas de su tiempo y más lúcidas. Primera feminista de la que se tiene memoria y primera diputada en el Congreso, no obstante no se conocen sus aportes. Su universo personal se nutre de pensadores marxistas como Bebel y de feministas como Clara Zetkin, quien inaugurara el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Su semanario Mujer moderna dio a la luz 102 números entre 1915 y 1919. Allí expuso sus bases ideológicas en una abigarrada mezcla de consideraciones cristianas, marxistas, revolucionarias, católicas pero anticlericales, probando así el volumen y profundidad de sus lecturas alrededor de figuras como el filósofo inglés Stuart Mill, o la activista francesa Flora Tristán. Nada le bastó. Tenía 16 años cuando tomó taquigráficamente un discurso en contra de Porfirio Díaz dándolo a conocer en Durango y Coahuila.

Nacida en Durango hizo una carrera corta en una Escuela de Señoritas en Chihuahua. Era tan inteligente que aún adolescente ya daba clases particulares de las mismas materias que había aprendido durante su corta educación formal. Pronto se hizo reyista y poco después maderista. Tras el asesinato de Madero se quedó en el DF luchando en contra de Huerta y con la entrada triunfante del Ejército Constitucionalista formó parte preponderante del gobierno de Carranza. No querido por los intelectuales será quizás esta filiación la que la ha llevado al olvido. 

Por estos años cruciales su lucha se centró en la reivindicación de las mujeres de México y el mundo, y la defensa permanente del Constitucionalismo enarbolado por Venustiano Carranza. Del 13 al 16 de enero de 1916, se realizó en Yucatán el Primer Congreso Feminista apoyado por el gobernador del estado. Al evento asistieron 617 mujeres de diversas clases sociales y de varias entidades del país. El tema prioritario fue el sufragio femenino pero no hubo consenso para que las mujeres participantes se pusieran de acuerdo.

Una mirada acuciosa a aquel primer congreso hace ver las enormes dificultades para que eso pudiera ser posible. Hubo incluso una protesta firmada por 31 mujeres en contra del voto femenino. Una de las intervenciones más audaces fue la de Hermila Galindo, quien no asistió al Congreso pero su ponencia fue leída por el Lic. César González. El tema que abordaba era escandaloso para la época: la sexualidad de la mujer. Y lo relacionó con la educación. “En la actualidad se procura en la mujer el desarrollo de lo que se llama vida del corazón y del alma, mientras se descuida y omite el desarrollo de su razón. El resultado: un terreno fecundo a todas las charlatanerías religiosas y material dispuesto para todas las reacciones”. Sostenía además que el instinto sexual era tan fuerte en la mujer como en el hombre. Pero, subrayaba Hermila con su lúcida inteligencia, el instinto sexual no tiene iguales consecuencias para el hombre que para la mujer. En tanto la mujer puede quedar marcada, el hombre es considerado “un calavera” agradable. Mientras las mujeres pueden quedar embarazadas, los hombres fundan orfanatorios y casas de cuna, como artificioso expediente para eludir sus responsabilidades.

Muchos años después y ya anciana tuvo la alegría de ver que aquello por lo que tanto había luchado se hacía realidad. En 1953 se aprobó la reforma al artículo 34 constitucional: Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos reúnan además los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años de edad…”

Mujer política, de compromiso íntegro, sólo con el voto la mujer podría defender por fin sus propios intereses. Luchó por ello hasta el final de sus días sin importarle condenas ni acusaciones de toda índole, teniendo sólo como meta el ejercicio pleno de nuestras libertades. Porque nuestro lugar, según Hermila, no son los límites del hogar sino los del mundo.


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