Perfil de mujeres

Grazia

Como obligada por una fuerza

subterránea escribía versos

y cuentos

Grazia Deledda

La fui a encontrar en una novela de Luisa Valenzuela, La máscara sarda. En un principio creí que se trataba de un personaje de ficción, pero reconociendo el marco de dicha novela, me inquieté. Esta muchacha que aparece como la joven escritora que impulsará al protagonista para que encuentre su destino en Nuoro, Cerdeña, y la aparición al final de capítulo de su nombre completo, Grazia Deledda, bastaron para el hallazgo.

Nacida en 1871, Grazia no habla italiano sino la lengua sarda, pertenece a una familia acomodada pero dentro de un sistema patriarcal donde la mujer queda excluida por completo. No recibirá otra educación más que la escuela hasta los 10 años. Nuoro a la sazón tiene 7000 habitantes y una sola librería donde su hermano compra revistas. Ellas serán sus fuentes y su conexión con el mundo porque cuando la acucie la escritura es a algunas de esas revistas que ella enviará sus colaboraciones. Pero no es sólo la falta de formación que ha de desesperarla, sino también la ausencia de libertades. Una mujer que lee es peligrosa y una que escribe tiene el demonio dentro, seguro. Nada hará su familia por lo tanto para encauzar su vocación. Sus primeras publicaciones son el hazmerreír de la gente educada. Y su cultura no viaja de la mano de las libertades que por esos tiempos peleaban las mujeres del continente europeo. Por el contrario, en su tierra por ejemplo, el robo de ganado no es delito y la víctima puede a su vez tomarse represalias. Es el código barbaricino, de la Barbaria, la zona central de Cerdeña, donde amos y esclavos no se mezclan nunca y la mujer está confinada al silencio y la servidumbre.

No obstante ella no ceja. En el puro mutismo donde ha ido a parar, llena cuartillas y cuartillas con su letra menuda. Escribe sin pausa sobre sus propios límites, los de la mujer sarda. Personaje tras personaje femenino, darán cuenta de la mujer enamorada y la vileza del Orden, de la mujer madre cuya abnegación le arrancará la vida.

Por fin al casarse en 1899 se instala en Roma, un lugar en el mundo al menos para su escritura. Y debe elegir, escribir en sardo o en italiano. Se le hace difícil ver a sus personajes olvidados del ritmo y las resonancias del paisaje sardo. Algo debe sacrificar, sacrifica entonces su propia lengua y en medio de la Italia unificada por aquellos tiempos, dejará que sólo los estribillos típicos y los nombres que no tienen traducción, permanezcan de su amada patria. Lo que sí permanecerá más fuerte que nunca serán los modos de ser sardos, los paisajes, los vientos y los cerros broncos de su Cerdeña natal.

Con su novela Elias Portolu, en 1903, por fin es reconocida por la crítica especializada. Su obra póstuma, la que tengo en mis manos, Cósima, es su propia historia novelada. Una pobre muchacha que quiere sobrepasar su humilde condición femenina. Y si bien no podemos decir de ella que fue una feminista, sus personajes en realidad salvo uno, no superan las marcas de la costumbre, una ética feminista honda, íntegra, planea sobre todas sus obras donde la mujer, mezcla de culpas y amores, será siempre la víctima.

Contra toda apuesta o sobreentendido, Grazia Deledda gana en 1926, la segunda mujer en lograrlo en la literatura, el Premio Nobel. Reconozcamos antes que casi 800 hombres lo han ganado contra un número de mujeres que no supera los 50.

Y lo obtiene “por sus inspiradamente idealistas escritos que con claridad plástica dibujan la vida en su isla natal y que con profundidad y simpatía tratan los problemas humanos en general”.

Muere en 1936 apasionadamente volcada a la escritura de su adiós, Cósima, sabiendo que le queda poco tiempo. Hoy en día ella sigue tan olvidada como siempre, tan ajena a los vaivenes del mercado como antes lo fue a los de las luchas feministas. Sin embargo, haberla encontrado significa para mí una prueba de resistencia que las mujeres nunca debemos dejar de ejercer.