Perfil de mujeres

Eloísa

En vez de llorar, arrepentida por
lo que he hecho, suspiro,
lamentándome por lo que he
perdido. Y delante de los ojos te
tengo siempre no sólo a ti y aquello
que hemos hecho,
sino también los lugares precisos
en los que nos hemos amado...

Eloísa


Hay mujeres cuyas vidas llegan a nosotros por la pasión que las consumió. Sus amantes: artistas, científicos, pensadores famosos, ellas, sólo "las que amaron más". "Porque mucho ha amado", dice Jesucristo de María Magdalena.

Eloísa (1101-1164) es una de ellas y me atrevería a señalar que en el ámbito del cristianismo no hay otra igual. No conocí su historia por los estudios medievales, sino por la obra de teatro de Bertolt Brecht. Poco tiempo después di con Historia de mis calamidades de Abelardo y las cartas que intercambiaron ambos.

La historia de sus amores resulta más paradigmática que Romeo y Julieta de Shakespeare y le da al siglo XII considerado "del primer renacimiento" una pátina mítica y fabulosa. Abelardo ya un teólogo de prestigio, conoce a Eloísa a sus 37 años porque es contratado por el tío de ella para que le dé clases de lógica y teología. Pronto la pasión estalla con el mayor furor y Eloísa queda embarazada. Astrolabio, su hijo, es confiado a una hermana de Abelardo. Mientras tanto se casa en secreto con ella pero poco después la abandona. Para vengar la honra de Eloísa, su tío manda castrar a Abelardo, quien decide ordenarse en un monasterio y obligar a la muchacha a la misma decisión.

De allí en adelante, Abelardo seguirá dedicado obstinadamente a su condición de filósofo, estudiando y escribiendo al punto de considerársele el pensador más importante del siglo y despertando la ira de hombres como Bernardo de Claraval, otro intelectual poderoso de la Iglesia Católica. Y Eloísa, estudiosa insaciable, se convertirá en una de las mujeres más lúcidas de la Edad Media.

Durante once años ninguno sabe del otro, hasta que Eloísa lee la carta de Abelardo conocida como "Historia de mis calamidades". Ella no lo ha olvidado, por el contrario su recuerdo la conmueve cada día. Entonces le escribe. Así retoman sus relaciones, primero a través de las cartas y luego personalmente cuando él le ofrece la dirección del convento de Paracleto que termina de inaugurar.

Durante el tiempo de su reencuentro y el intercambio epistolar, Eloísa convence a Abelardo de establecer nuevas reglas en el convento que dirige, acordes con la condición femenina. Y el intercambio de su correspondencia da prueba de la calidad con que lo amó. Finalmente Abelardo abandona a Eloísa, sufre persecución y ofensas como una condena por herejía y tiempo después muere en 1142. Tal como en alguna carta él le pidió, su cuerpo es enviado a Eloísa, quien lo sepulta en el Paracleto, donde ella misma será sepultada veintidós años después. De la misma manera sucede con Antonio y Cleopatra un milenio antes.

Las cartas son conmovedoras por la visión que dan de uno y de otro: Si el hombre señala que su pasión ha sido sólo carnal, ella entiende que el goce y la entrega fueron el resultado de un amor íntegro en cuerpo y alma. Si él la acusa a ella del pecado mayor, pues lo hizo sucumbir a la carne, ella se siente con la responsabilidad ética de hacerse cargo de él y de ella. Si él la impulsa a pensar sólo en su condición de sacerdote y representante de Dios en la tierra, ella no ceja en su amor secular, no se miente adornándolo con los puros efluvios espirituales. Se autodefine como una mujer de carne y hueso. Y por fin si sobre la última carta él reconoce que hay mayor pecado en quien doblega al otro en la concupiscencia que en quien sucumbe a sus ímpetus, ella antes y ahora, y siempre, sabrá y le manifestará que él es el único para ella: el ser más importante de la tierra. Como en el encabezado de su sexta carta Al que es especialmente su Señor, la que es únicamente suya. O dicho de otro modo: La que es especialmente de Dios (Señor) a su único (Abelardo).

Y como decía al principio, vaya destino el de estas mujeres que no fueron conocidas en sí mismas sino en razón de estar unidas a un hombre célebre como Abelardo. También entre nuestras historias latinoamericanas se da igual fenómeno en la relación de Alfonso Reyes con la argentina Nieves Gonnet. Y si ahora comenzamos a conocerlas es por la ingente tarea de mujeres y hombres empecinados en traerlas a la luz.


coral.aguirre@gmail.com