Perfil de mujeres

La Corregidora

Doña Josefa Ortiz de Domínguez (1771-1829), hija de un militar al servicio del Virrey, en su adolescencia deviene huérfana. Reducida al marco propio de su tiempo, lo cual significa sin decisión propia, deberá aceptar desde entonces la potestad de su hermana mayor y ninguna otra compañía más que la de mujeres semejantes en condición y orfandad.

Josefa entra al Colegio de las Vizcaínas a los 18 años, donde es apercibida por don Miguel Domínguez, un viudo notable que se prenda de la jovencita. María, la hermana mayor, lo advierte y la saca del colegio. Será inútil puesto que dos años después Josefa y don Miguel contraen matrimonio. Se llevan en diferencia de edad 15 años.

El marido es poderoso, de estrechos vínculos con el virreinato, en 1801 consigue la plaza de corregidor en Querétaro. Allí sus tertulias y veladas culturales despiertan la simpatía de todo el mundo, pero sobre todo la defensa que hacen por los más despojados y la denuncia de abusos que a Josefa, apasionada por la justicia, la espantan. Don Miguel formula severas demandas ante el Tribunal de Minería y es llamado por el virrey a México para suspenderlo del puesto. Es allí, en la capital, donde oye esgrimir ideas acordes con los tiempos de la Ilustración y sus premisas revolucionarias: el hombre es igual en todas partes no importan las diferencias sociales, raciales o religiosas. Ideas que doña Josefa no necesitaba escuchar pues las había descubierto antes. Ella misma las encarnaba en su propio sentir orgánico, se había vuelto líder de las ansias libertarias que con amigos, pregonaba cada día.

Se forma así lo que dio en llamarse la Conjuración de Querétaro alimentada por Ignacio Allende, pretendiente de una de las hijas de los Corregidores, y por los intelectuales y militares más lúcidos de su entorno. El conflicto alcanza su apogeo el 14 de septiembre cuando, doña Josefa encerrada en su recámara bajo llave por su esposo, vaya a saber si por las razones que aduce la historia oficial, una mujer puede delatar, ya sabemos de su debilidad, etc…

O bien porque su arrojo superaba al de su marido y podía tomar la delantera… tal cual lo hizo. Golpeó con su tacón en el suelo como estaba previsto, para que el alcalde que ocupaba el piso inferior acudiera, y sin vueltas lo envió más rápido que volando a San Miguel el Grande. Así se proclamó la Independencia en la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, la madrugada del domingo 16 de septiembre de 1810.

En Querétaro, doña Josefa y su marido fueron arrestados de inmediato recluyéndolos, a él en el convento de la Cruz y a ella en el de Santa Clara. El arresto duró pocos días hasta que se calmaron las aguas. Y unos días después continuaron sirviendo a la corregiduría.

La catástrofe sobreviene para Josefa cuando en septiembre de 1813 es acusada por don José Mariano de Beristáin y Souza de ser literalmente “una verdadera Ana Bolena que ha tenido valor para seducirme a mí mismo, aunque ingeniosa y cautelosamente”. Acusación que repite en diciembre ante el Virrey.

Se destituye al Corregidor, su esposo, pero a ella le esperan infortunios mayores: es aprehendida y llevada al convento de Santa Teresa en la capital. “Tantos soldados para custodiar a una pobre mujer; pero yo con mi sangre les formaré un patrimonio a mis hijos”, señala la Corregidora. Está embarazada y permanece presa a causa, según se manifiesta, de su enajenación mental.

Entre idas y venidas queda en libertad en julio del año de 1817.

No ha de cejar, madre de cuatro hombres y ocho mujeres, se dio tiempo siempre para los nuevos tiempos que husmeaba con su olfato femenino. De reunión en reunión, de plática beligerante a encuentros semanales con Victoria, Guerrero, López Rayón y otros del mismo tenor, la renovada conjuración prepara sus armas. Son años arduos y peligrosos que ella sobrellevará con determinación. Los hombres se volverán los protagonistas del Supremo Poder Ejecutivo, ella, la Corregidora, dará a luz los cimientos de la República Mexicana.

 

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