Perfil de mujeres

Constance

Por su inteligencia, su sentido estético, su sensibilidad, pudo ser escritora, diseñadora, fotógrafa… pero fue la mujer de Oscar Wilde.

 

Constance Mary Lloyd, nacida en Dublín en 1959, creció en Inglaterra. De familia pudiente, su cercanía con otra familia también irlandesa y semejante, los Wilde, hizo posible que sus hijos habitaran los mismos círculos, se conocieran y se enamoraran apasionadamente. Las extravagancias que denotaba el joven Oscar fascinaron a la bella Constance. A él lo deslumbraría no sólo su hermosura sino la afinidad con los esteticistas de los cuales era un paradigma. Muy pronto dan la nota desafiando las costumbres. Oscar con sus pantalones a media pantorrilla y calzas claras, ella con ropaje racional, según se llamó en la época donde miriñaque y corsés se desechaban a cambio de la falda pantalón, las anchas mangas y el rechazo a la figura en reloj de arena.

Se casan en 1884 esgrimiendo siempre la radicalidad de sus opiniones y apariencia, de modo que nada de lo que la hacen o visten, pasa desapercibido. Sus preferencias por el verde, marfiles y amarillos rabiosos, sus flores predilectas, el lirio y el girasol, su casa amueblada con chippendale en blanco y los contrastes más extravagantes en su calzado, sombreros, chales y plumas, se vuelven estandarte de una juventud rebelde que los sigue, embobada. Ellos se exhiben en estrenos de teatro, en exposiciones de sus amigos pintores y, por supuesto, en las primeras representaciones de las obras de Wilde. Constance escribe obras para niños, incursiona en el periodismo para mujeres, se vuelve decana de la liberación femenina, se proclama socialista y no hay institución o grupo de mujeres libres entre las cuales no se destaque.

Pronto se embaraza. Dos niños, Cyril y Vyvyan vienen a completar la feliz pareja. Constance adherirá a Cyril y sólo en los últimos años aprenderá a amar al menor. Sin embargo, y con pocos indicios, se corta la relación sexual de la pareja debido a una secuela del último embarazo.

Nada de ello no obstante justifica la inclinación cada vez más desenfadada de Oscar por los jóvenes sino lisa y llanamente una preferencia que debía ocultarse en esa época y cuyas manifestaciones comienza a alarmar a la sociedad victoriana que hasta ese momento  festejaba la conducta del escritor y sus obras. De modo que Constance sufre su alejamiento muy a menudo, y las largas estadías de su marido en hoteles de lujo en muy buena compañía varonil dan lugar a crecientes habladurías. Sobre todo cuando el escritor francés antes también su amante, Pierre Louys, declara en París que Oscar ha abandonado a su esposa para vivir con Alfred Douglas.

Constance, siempre esperanzada en la recuperación de Oscar para la felicidad hogareña, no parece observar el equívoco sentido de los textos de Wilde, ignora el chismorreo, pasa por encima de sugerencias y consejos. Cuando el escándalo definitivo se cierne sobre ellos no duda en aparecer en público del brazo de Bosie (Douglas) y Wilde. La valentía con que afronta el juicio que sobrevendría, pudiera ser el resultado de una inocencia flagrante respecto de la índole de su famoso compañero.

Finalmente ha de comprender. Pero su amor no ha sido vencido y visitará a Oscar en la prisión al tiempo que se ocupa de salvaguardar a sus hijos exiliándose y cambiando el apellido de la familia completa. No dejará de sufrir por el hombre recluido e incluso anónimamente le ayudará. Mientras tanto, se ha enfermado mucho, apenas puede caminar y alucinada, viaja constantemente protegiéndose en casas de amigos. Es en medio de ese calvario comenzado en 1892 cuando Bosie decidió invadir las vacaciones, que muere sola seis años después. Se había internado para hacerse, según ella, una operación sin importancia. Dos años después morirá Oscar.

Poco antes lee el último poema de Wilde, la Balada de la cárcel de Readingque le arranca lágrimas y renueva su admiración por el escritor. Una prueba más de su capacidad para suspender el juicio moral y admirar el esplendor de su arte.


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