Perfil de mujeres

Clorinda

Estoy leyendo Aves sin nido (1889), de quien se hizo llamar Clorinda Matto de Turner en sus obras pero a quien bautizaron Grimanesa Martina Matto Usandivaras. Peruana, nacida en Cusco en 1852, heredarán su pasión indigenista José María Arguedas y Manuel Scorza también de aquellos pagos para gloria de nuestra narrativa latinoamericana. Ella, Clorinda, forma parte de las precursoras de nuestra novela, junto a otras como Juana Manso, que ya hemos visto, o Juana Manuela Gorriti, que les debo. Lo cierto es que la estoy leyendo porque, ignorante, desconocía que es considerada la fundadora del género de novela indigenista. Y sí, desde el comienzo de la obra una pareja de indios son protagonistas.

Al circular por su prosa, su retórica, la transparencia de su sintaxis, la riqueza de su vocabulario, me dije, pero esta mujer tiene una educación formal como la de un hombre. Nada de ello, fue a la primaria como todo el mundo, pero estos estudios fueron interrumpidos por la muerte de su madre. Eso sí, hablaba el quechua, la lengua de los dueños de su tierra, los verdaderos. Y se hizo autodidacta, como todas las mujeres del mundo a las cuales les fueron vedados los estudios académicos. La ventaja viene de sus padres hacendados, del contacto con la indiada que los servía, de la autoestima que da una posición económica y un contacto social alto. No obstante quería más para ella y decidió irse a los EU para estudiar medicina, cosa que le fue negada por el padre. Quedó entonces al cuidado de sus hermanos menores como corresponde a una señorita.

A los 19 años, siguiendo al pie de la letra la costumbre de su época, se casó con un también hacendado y médico inglés, de modo que su posición privilegiada no cambió. Diez años vivió así. Pero al enviudar su situación se modifica y lo que era confort y lujo se trastoca a causa de jueces y abogados que haciendo como que la ayudan se quedan con gran parte de su fortuna.

Pocos años después se traslada a Arequipa luego de haber ensayado con éxito el periodismo. Sigue por ese camino, conoce a Juana Manuela Gorriti, a Ricardo Palma y a otros intelectuales y creadores humanistas a los que ya había publicado en Cusco. A su vocación periodística, llega a ser jefa de redacción del diario La Bolsa, se agrega la de escritora de ensayos, de biografías, y una tragedia que es estrenada en Lima en 1888 sin el menor éxito. Para este tiempo ya está radicada en esa ciudad.

Y llegamos a la novela que estoy leyendo. A causa de ella la Iglesia católica inicia una campaña de descrédito, la excomulga, y azuza al pueblo en su contra, al punto de sufrir el saqueo de sus bienes, de su casa, de su imprenta, el incendio de sus libros y verse obligada finalmente a exiliarse en Buenos Aires. Nunca regresó a su patria. A su muerte, sucedida en 1909, el siglo XX la olvida ostensiblemente y es excluida de los archivos de la literatura peruana. Exilio, luego silencio y finalmente exclusión.

Sólo a finales del siglo XX cuando las mujeres comenzamos a participar en la Historia de los hombres, cuando giramos en busca de nuestras hermanas perdidas en el camino, cuando el discurso de género se impone señalando que el pensamiento humanista había desdeñado la mitad de la humanidad llamada mujeres, Clorinda Matto de Turner reaparece para confirmarnos que las mujeres a veces nos adelantamos al genio masculino, como lo hizo ella respecto de Carlos Mariátegui, el gran defensor de los indígenas. Antes que él, sus ideas ejercidas en sus obras y en su periodismo anuncian que la solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Así lo expresa en sus escritos coincidiendo plenamente con lo que el filósofo latinoamericano y también peruano, manifiesta en 1928.

Julia Kristeva señala que las mujeres somos más proclives al reconocimiento del Otro. Nunca quise creerle. No me siento "más humana" por ser mujer. Sin embargo, este lento trabajo de revisión del perfil de las mujeres a lo largo de la Historia ha cambiado muchas de mis certezas por interrogantes a los que aún debo responder.


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