Perfil de mujeres

Cleopatra

La mayoría de los datos sobre Cleopatra son falsos o dudosos. No hay constancia de su nacimiento probablemente en el año 69 AC y para obtener algún indicio de su muerte hay que remontarse al relato de Plutarco según el cual, sucedió en el año 30. De modo que murió joven, a la edad de 39 años. Tampoco se puede aseverar acerca de su apariencia física pues algunos la hacen muy morena, acaso negra, y los retratos con su nombre en realidad son representaciones tradicionales egipcias en sellos, estelas, efigies, de diosas o reinas. En la dinastía de los Ptolomeo, a la que ella pertenece, es Cleopatra VII. No obstante nunca una mujer había hecho temblar a hombres tan poderosos como Pompeyo, Julio César, Marco Antonio y Octavio.

Lo que sí sabemos, y por cierto, muy bien, es la ascendencia que tuvo sobre ellos, y también el modo en que se valieron de ella, tanto como ella de ellos. Si nos dejamos llevar por la mayoría vamos a creer que su gloria se debe a su belleza, o bien a su lujuria, o bien a su crueldad. Si por el contrario, la abordamos no desde los infundios sino desde los poquitos restos que nos quedan de su andar por el mundo, vamos a pensar 1. Que era muy inteligente. 2. Que había aprovechado su inteligencia para aprender a gobernar. 3. Que se daba perfecta cuenta que Roma quería doblegarla y hacer de Egipto un nuevo pueblo sojuzgado. Lo cual sucedió cuando la sociedad amorosa y guerrera establecida entre Cleopatra y Marco Antonio fue vencida por Octavio, quien a partir de su muerte se convierte en el nuevo César e inaugura así el Imperio Romano. Pero había que pasar sobre el cadáver de Cleopatra para que esto pudiera ser posible.

Por oposición a las mujeres griegas, las egipcias eran educadas como los hombres y podían ocupar puestos públicos. Las reinas se metamorfoseaban en diosas, y al honrarlas se veneraba a la diosa Isis, de modo que nunca hubo litigios a causa de su género. Teniendo en cuenta la urgencia de convertir a Roma en un imperio, se entiende por qué fue tan cortejada por parte de los hombres romanos más ilustres como Pompeyo, luego Julio César y por fin Marco Antonio, entre muchos más de menor celebridad.

Al igual que Pompeyo, Julio César la visitó en su reino y supuestamente ella que sabía lo que podía ganar o perder, lo sedujo. Tres años vivieron juntos y se cree que el hijo engendrado después de su regreso a Roma, era de él. Cleopatra lo llamó Cesareón y gobernaría Egipto ya como parte del imperio. Sin embargo es Marco Antonio, el héroe de todas las guerras romanas, aquel que un día, se suponía, gobernaría Roma, y que fuera tan amado por el pueblo y el ejército, quien reinaría en el corazón de Cleopatra y con quien engendraría gemelos. El mismo que frente a su estrepitosa derrota final, intentará matarse  antes que por su fracaso militar, por el amor hacia la indoblegable egipcia al llegar a sus oídos  falsas noticias de su suicidio.

Herido de muerte, Cleopatra tiene tiempo de hacerlo morir en sus brazos. Amenazada por Octavio a las puertas de Alejandría listo para invadirla, y con la orden de entregar el reino y permanecer viva, ella sabe cómo escabullirse. Indudablemente hubo cómplices para alcanzarle el arma mortal propia de la cultura egipcia. Y habiendo aprendido que la cobra cuyo veneno actúa tan rápido puede dar una muerte benigna, se viste con sus mejores galas, se extiende en su lecho y se lo inocula. No entraría a Roma como botín de guerra de la mano de Octavio, el triunfador y el más grande enemigo de Marco Antonio.

Las calumnias y fantasías tejidas alrededor de su persona han ocultado por siglos que su conocimiento de todas las lenguas habladas en el mundo antiguo, de la economía, que le permitió reunir el tesoro más vasto de su tiempo, de las armas de guerra, los puertos y las rutas marítimas y su capacidad estratégica, hablan de una mujer colosal que superó largamente el talento de los hombres más brillantes de su época.

La muerte de Cleopatra anuncia el nacimiento de la Roma Imperial que a su vez significó el nacimiento del mundo occidental al que pertenecemos. Al día siguiente de su muerte, Octavio se proclama César Augusto.

 

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