Perfil de mujeres

Berthe

Berthe Morisot, Mary Cassatt, Mary Bracquemond, misma época, misma profesión, impresionistas. A veces me sucede que es tan grande el olvido que no atino a quién poner en primer plano, a quién rescatar. Sin embargo, siempre hay elecciones que espontáneamente realiza la memoria. Berthe (1841-1895) era de familia rica e ilustrada. Tuvo la suerte junto con su hermana Ecmé de ser descubierta por su humilde maestro de dibujo, quien reveló el talento de las niñas a los padres y estos decidieron ponerlas en las mejores manos. Camille Corot fue una de ellos, y si Ecmé no siguió los pasos de Berthe en alcances pictóricos, fue sencillamente porque se casó.

Otra razón para que Berthe prevaleciera es no sólo su entorno literario y plástico a los que tenía acceso por amistades y familiares, sino porque fue amiga de Manet, se casó con su hermano Eugène. Además que el primero la inmortalizó en uno de sus más famosos cuadros. Así el éxito y la trascendencia de las mujeres en general pasa por la voluntad de los hombres. Ellos son los que plasman a su voluntad el perfil de las mujeres.

En el caso de Morisot así como en el de sus colegas Cassatt y Bracquemond, a pesar de las diferencias de clase y dinero, la oportunidad de existir artísticamente se dio no sólo por su talento, que no hubiera bastado, sino por los nuevos tiempos y la ruptura de moldes que los artistas comenzaron a hacer. Abandonar las grandes referencias históricas, la mitología clásica, y el monumentalismo que dichos temas presuponían, dejar el taller por el aire libre, volver la mirada sobre las cosas pequeñas, el desayuno, el jardín al mediodía, el paseo al borde del lago, el tejido de la madre, la toilette de la muchacha, presupone un universo que las mujeres habitaban con comodidad. Su medio, su costumbre.

Por otra parte, asistir codo con codo en la familiarización del tratamiento de los colores, de las texturas, abandonar la soledad para inmiscuirse en la tarea de los pintores, verlos trabajar, confrontarlos. Si las buenas damas no podían acompañarlos a bares y cafés, hubo de hallarse una nueva forma en el parque o en el comedor de la casa. Así, el impresionismo en las últimas décadas del siglo XIX abunda, sin reconocerlas, en grandes pintoras. Y se vuelve burgués, hogareño, y hasta femenino.

La pintura de Berthe Morisot fue considerada el paradigma del arte impresionista. Participó, salvo cuando dio a luz su única hija, en todos los salones en que se presentaban sus grandes amigos: Monet, Pizarro, Sisley, Manet, Degas, Renoir, y contaba con su respeto profesional. Sin embargo, fue uno de ellos, Renoir, quien apuntó: “Considero a las mujeres escritoras, juristas y políticas (como George Sand, Mme Adam y otras pelmas) como monstruos, algo así como terneras de cinco patas. La mujer artista es meramente ridícula, pero estoy a favor de las cantantes y bailarinas”. Estas últimas le daban placer, por supuesto, las pintoras podían ser contrincantes. De modo que aun en la camaradería fraternal las impresionistas se mantenían en el filo de la navaja. Además, Berthe discutía con todos ellos a propósito de técnicas y poéticas sin dar nunca el brazo a torcer, lo mismo que sus colegas femeninas. Pero vaya a saber cuánto de su influencia ignoramos.

Si bien en su famoso cuadro Psique  Morisot retoma el lugar común de la mujer y el espejo, lo hace desde una mirada cómplice con la adolescente cuya sexualidad está brotando. Y al viajar por su obra lo que más me admira es su desparpajo para entrar en la abstracción con espacios blancos, leves pinceladas que se alargan o se acortan en busca de senderos múltiples y diversos volviéndose una especie de arco tendido al infinito.

Berthe Morisot murió a los 56 años, después de dejar a su hija Julia en manos de Degas y Mallarmé. Antes habían muerto su cuñado y su esposo.

Debo confesar que hasta hace muy poco en que me di a la tarea de observar con detenimiento su obra pictórica, la conocía más por su belleza grabada en los cuadros de Manet en donde aparece como mujer fatal, que por su innovador pincel. Y sospecho que su fama viene sobre todo de los grandes impresionistas con los cuales se codeó, y no de su luminosa pintura.

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