Perfil de mujeres

Adela

Ella debe perdonar
si su esposo le es infiel;
mas, él se puede vengar;
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
porque es hombre.

Adela Zamudio


Si una mujer recibe educación, de inmediato advierte su condición injusta, y si no la recibe, como es el caso de Adela Zamudio, pero se obstina en saberse, pronto tendrá la lucidez necesaria para ver el mundo tal cual es y criticarlo. Eso sucede con Adela, nacida en Bolivia, Cochabamba en 1854. En tercer grado de primaria, como era tradicional en esa época, la sacan del colegio, con eso es suficiente para sumar y restar, leer y escribir elementalmente. Qué otra cosa pudiera necesitar una mujer para sí misma. De modo que ella continuó formándose sola, obstinándose en que el mundo le fuera revelado, como hemos hecho tantas de nosotras en todos los tiempos. El primer escrito que se menciona de su obra es un poema escrito a los catorce años.

Sin embargo, qué poquito sabemos de ella. Como suele ocurrir se repiten ciertos versos, ciertas anécdotas, y eso es todo. En algún momento del futuro se ve en la mujer creadora la figura de la patria y entonces se la homenajea a grandes voces y con palabras solemnes. Acaso se instituye alguna fecha para celebrarla. Como ejemplo la coronación de Zamudio por el presidente de Bolivia en 1926, en cuyo transcurso ella permaneció en absoluto silencio. Y luego como complemento de la coronación, el acto oficial destinado a la elite realizado en los salones del Teatro Achá, al tiempo que Adela era aclamada por el pueblo en la Plaza 14 de Septiembre, inmediatamente después.

Pero más allá de todo ello, Adela Zamudio escribe artículos, poemas cuentos y novelas y como es sabido, su condición de maestra, de educadora a la que finalmente se entrega, le permite hacer uso de la palabra, asumirla como arcilla en sus dedos, doblegarla, hacerle decir lo que se necesita ser escuchado. Poner sobre la mesa la cuestión femenina.

Y también se queda sola. Era previsible. Su seudónimo fue Soledad, así firmaba muchas de sus ponencias. Al observarla en las pocas imágenes que se guardan de ella, la veo bella y no obstante ajena, lejana. Tuvo que haber hombres que la amaron, me digo, y quizás a ella no le bastó. Andaba colgada de las ramas por hacerse escuchar, y de los folletos humildes donde publicaba sus textos, logró alguna publicación mayor como Ensayos Poéticos su primer libro de poemas publicado en Buenos Aires en 1887. Y mucho después hasta alcanzó a hacer presencia en París con otro poemario Ráfagas, publicado en 1914.

Y como era de preverse, lo cual en esta columna se repite una y otra vez, fue feminista de pura cepa, dura como ella sola a la hora de denunciar las diferencias y hacer uso de sus prerrogativas, sin saber acaso que pronto su lucha y sus aspiraciones llevarían casi al final del siglo XX su nombre propio y su ejercicio social, filosófico y cultural implementado por sus herederas.

También ejerció la crítica de la Iglesia: "Allí está Pedro/El pescador que un día/ Predicó la pobreza y la humildad/ Cubierto de lujosa pedrería/ Ostenta su poder y majestad/" proclama en un poema de 1903, Quo Vadis. Como en el caso de otras pensadoras que se atrevieron a señalar verdades inocultables, la sociedad le dio la espalda o se hizo omisa o bien provocó su escándalo.

Ella misma califica su novela Íntimas. "Es un cuentecito para mujeres, inspirado en confidencias de almas femeninas, tímidas y delicadas", señala en una carta. Pero no le alcanzó escribir, leer, estudiar, ejercer su profesión de maestra y directora a la manera de Gabriela Mistral, además fundó la Escuela de Pintura y el Liceo de Señoritas de su ciudad natal, Cochabamba.

"Tengo sueño, voy a dormir", dicen que fueron sus últimas palabras el 2 de junio de 1928, fecha de su muerte. Una afección pulmonar la había alcanzado no antes que escribiera su propio epitafio:


Vuelo a morar en ignorada estrella
libre ya del suplicio de la vida,
allá os espero; hasta seguir mi huella
lloradme ausente pero no
perdida.


coral.aguirre@gmail.com