Columna Ciencia y Tecnología

La era de los milagros: el hombre de los tres brazos

Nuestro futuro cada día se parece más a las proyecciones cinematográficas, asistimos a ver en las pantallas una contemporaneidad con tintes de ciencia ficción,  un presente que no se parece en absoluto, aparentemente a nuestro entorno. Es singular que el vínculo entre vida y ciencia hoy en día indague en las posibilidades de una vida extraordinaria, libre de las ataduras naturales y carente de la zozobra del tiempo o la muerte. Sin embargo esta propuesta prodigiosa, esta era de los milagros esconde un peligro. Stelios Arcadiou  (Stelarc), artista australiano exponente del body-art cibernético, cuestiona los cimientos de nuestra sociedad postindustrial. Desde su  postura como productor visual demuestra la incapacidad del cuerpo humano frente a los avances científicos, en otras palabras, el  cuerpo es para Stelarc una limitante en esta construcción, un pesado lastre que nos impide adentrarnos en las infinitas posibilidades de la tecnología y como él mismo lo expresó: “La evolución acaba cuando la tecnología invade el cuerpo. El cuerpo no como sujeto, sino como objeto, no como objeto de deseo sino como objeto de diseño.” El cuerpo humano, paradigma del propio concepto, termina siendo obsoleto. Es necesario que trasmute, que tecno-evolucione en un organismo híbrido mitad máquina, mitad natura, un concepto abordado regularmente en las películas o en las historietas de Marvel, pero ¿qué sucede cuando contemplamos a un hombre con un brazo extra?

Una de las obras más conocidas de Stelarc es quizá “Third Hand” (tercera mano), una mano robótica que fue añadida al cuerpo de este artista y que lograba a través de impulsos eléctricos provenientes de sus músculos un movimiento independiente, de manera que su cuerpo poseía dos manos biológicas y una robótica. Es singular la fotografía que documenta este hecho donde es posible observar como sobre un acrílico traslucido a tres manos Stelarc escribir la palabra “Evolution”. El cuerpo a manera reflexiva se ha extendiendo, se ha diseñado en el ideal contemporáneo, una mano extra para un sujeto del siglo XXI es tan útil como una navaja de sílex en la época neolítica. Pero para poder ser partícipes de esta era de los milagros nuestro cuerpo necesita dejar atrás sus limitaciones, su edénica condición terrenal y acrecentar su evolución, experimentando física y técnicamente con el fin de descubrir el diseño perfecto corporal que ajuste con un mundo construido por el hombre y  no limitado por la naturaleza. El cuerpo ya no es la mística celda de la divinidad, ni la proporción renacentista del universo, es una estructura evolutiva que puede ser mejorada con la tecnología, concepto que actualmente define lo que significa ser humano. El sueño de Gilgamesh por primera vez es tangible, la tecnología nos ofrece la inmortalidad, cualidad que nos permitiría la posibilidad de poder habilitar nuevos sitios a millones de años luz como el famoso científico británico Stephen Hawking profetisa. Pero desde el campo del arte, la tecnología, la ciencia y sus artificios no solo se convierten en vocabulario visual o técnico sino en un sistema reflexivo. Para Stelarc, quien además de experimentar con un tercer brazo robótico, suspender su cuerpo en ganchos para ser controlado desde Internet, asirse a una máquina de seis patas para caminar en forma de araña o injertarse una oreja de cartílago en el antebrazo izquierdo que además de proporcional señal WIFI transmite vía web los sonidos que experimenta el productor, el arte es un medio para generar avisos, alertas tempranas que permitan vislumbrar futuros discutibles, futuros que en muchos casos, sin la previsión y la responsabilidad necesaria  abrían la puerta a la incertidumbre.

Por ello, el arte es el negocio de hacer preguntas, cuya respuesta se confronta con nuestro propio reflejo, imagen que nos cuestiona, que nos desconcierta, pues ¿qué nos sucede como sociedad para que este sea nuestro arte?  El hombre y su dominio en esta era de los milagros será el campo de batalla de una recolonización tecnológica que amen de ser fruto de la ciencia ficción es una realidad que alterara toda concepción que poseemos de humanidad.

Mtro. David Pérez Becerra

Profesor del Instituto de Artes UAEH

mileniohidalgo2@gmail.com