Columna Ciencia y Tecnología

Mujeres y ciencia: generadoras del saber

Una mujer que se interesara por la ciencia o el conocimiento, en la Edad Media, era acusada de bruja o de tener pacto con el diablo… Cuando en el siglo XIX demostraron producir conocimiento, éste se atribuía a otra persona, siempre un hombre…

Al empezar el siglo XX se repiten las historias de mujeres que no las dejaron estudiar ciencias porque era “impropio” para una señorita decente…. Se dice que todavía a mitad del siglo XX en las universidades más prestigiadas de Estados Unidos solamente había espacios para reuniones de hombres científicos, las mujeres eran excluidas o consideradas simples ayudantes…

La Unión Europea publicó en 2013 un informe sobre la discriminación de las mujeres en la ciencia. Los resultados son calificados como demoledores y se reconoce que en pleno siglo XXI hay una especie de “tubería agujerada” en el camino que relaciona a las mujeres con ciencia, porque ellas “se van perdiendo, al abandonar la carrera científica por múltiples causas y el flujo final llega disminuido”.

¿Por qué esta situación?

La filósofa mexicana Norma Blázquez hace referencia a nuestro contexto patriarcal y sexista, pero también reconoce que pese a ello las mujeres han generado conocimiento. Por eso, advierte: “Durante muchos siglos las mujeres no tenían permitido estudiar en las universidades y continuaban con la tradición de ilustrarse en los conventos, en los salones de té o en sus hogares, con el padre o el esposo.

Luego, de manera gradual, se fue incorporando a la educación media y superior en áreas como enseñanza, enfermería o farmacéutica. Hasta llegar a la década de los 90 del siglo pasado, en que 50 por ciento de los universitarios ya eran mujeres.” Entonces, las mujeres sí hacen ciencia, transformando los espacios, las perspectivas y aportaciones del mundo científico.

Blázquez insiste en advertir: “Las mujeres se hicieron nuevas preguntas y rompieron con el parámetro científico masculino, en el que todo aquello que no se adaptara a dicho modelo era carente o inferior.

Por ello, durante mucho tiempo se pensó que las mujeres no tenían interés por la ciencia que eran menos inteligentes o que no tenían capacidad para razonar. Con su integración a la ciencia, se ha debido tomar en cuenta la otra parte de la humanidad, lo que significó una modificación en los puntos de partida, las metodologías, la interpretación de los resultados y las teorías para la comprensión de la realidad.”

En México el panorama ha sido difícil pero desde una perspectiva llena de esperanza y orgullo, hay avances significativos. Así a finales del siglo XIX una gran pionera fue Matilde Montoya que se convirtió en la primera mujer que se tituló como médica.

En los últimos años se puede observar los nombres de otras grandes científicas del país como Tessy María López Goerne cuyas investigaciones permitieron la creación de un dispositivo que libera dopamina directamente en el sitio dañado, para controlar el Parkinson. Helia Bravo Hollis fue la primera bióloga y llegó a ser la primera presidenta de la Sociedad Mexicana de Cactología. La astrónoma Julieta Fierro, que fue directora de UNIVERSUM y gran divulgadora de la ciencia. Por ello nuestra perspectiva debe ser de orgullo y coincidir con Blázquez, que se ha dedicado a estudiar la presencia femenina en México, y que asegura: “Con estos avances, poco a poco hemos ganado espacios para integrarnos a la ciencia, a la producción formal y académica del conocimiento que, por mucho tiempo, fue una actividad de varones. Se ha reclamado nuestro acceso a la educación, a las universidades, y que tengamos la posibilidad de elegir la investigación científica como una profesión que nos brinde reconocimiento como generadoras del saber. Actualmente, en el mundo tres de cada 10 personas dedicadas a la investigación son mujeres…”


Dra. Elvira Hernández Carballido
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo