Articulista invitada

José Francisco Ruiz Massieu: reflexiones de ayer para las exigencias de hoy

"En cada espacio público, académico, docente o partidista, mi padre se ocupó de reflexionar sobre cómo mejorar el ejercicio de la política, perfeccionar las instituciones públicas y servir mejor a México".

Desde hace 23 años todos los días pienso en mi padre. Frente a los eventos y vicisitudes que desde su muerte he vivido, trato de pensar qué diría, cómo actuaría, qué recomendaría.

Su ausencia, convertida en presencia a partir de la memoria, me permite imaginar su consejo siempre cariñoso y objetivo, escuchar su risa franca o su comentario agudo. Me ha acompañado en mis momentos felices y en los muy tristes, en cada triunfo y en cada fracaso. Echo mano de sus libros y pensamiento para desentrañar las coyunturas, para actuar con congruencia, para plantearme el futuro.

En cada espacio público, académico, docente o partidista, mi padre se ocupó de reflexionar sobre cómo mejorar el ejercicio de la política, perfeccionar las instituciones públicas y servir mejor a México. Planteó nuevos términos de referencia para los retos de su momento; dibujó formas y mecanismos visionarios que hoy, décadas después, siguen siendo pertinentes y útiles para informar los debates que tenemos en nuestra vida pública.

Entendía la democracia no solo como un ejercicio electoral o aritmético, sino como un estado integral. En su visión, la democracia no tiene una dimensión meramente instrumental (votar libremente en las elecciones) sino que es el método de convivencia que permite, a todos, el disfrute de libertades y derechos, donde la pluralidad es indispensable y los gobernantes son ciudadanos con el mandato de servir al pueblo.

Defendía una visión de la democracia que exige la adaptación permanente, la revisión de los paradigmas para responder mejor a las necesidades siempre cambiantes de la gente, y avanzar en beneficio de la mayoría.

La democracia ya no como punto de llegada, sino como "proceso colectivo, endógeno y siempre inacabado".

En esa visión de la democracia, la buena política (la de los principios y de los entendimientos) es esencial. La política, "como ejercicio de moral pública y no como juego de cuotas de poder...; la política como idea, como pensamiento, como acción". Y anticipaba que "el político del tiempo por venir debe ser más plural, que sepa no solo sobrevivir a las oposiciones, sino convivir con ellas".

Y añadía: "la polémica ilumina", "la democracia es controversia colectiva y no controversia entre unos cuantos". Desde esta óptica, la democracia integral no pretende acabar con las diferencias políticas, porque para eso se necesitaría cancelar la pluralidad y censurar el disenso. Por el contrario, la pluralidad y la política de los entendimientos son la esencia del nuevo escenario.

Sabía que, como en todo proceso, las reformas y las adaptaciones son inevitables e incluso deseables, pero advertía que debe "reformarse más en la práctica y en los hechos, que en los documentos", es decir, que hay que vivir una nueva cultura política para que la democracia integral sea también efectiva.

En el escenario complejo que hoy vivimos, cuando nos encontramos en un proceso de rediseño a las instituciones democráticas; en medio de tendencias populistas, y con una sociedad civil que ha pasado de ser agente dirigido a actor dirigente, a la hora de repensar la política y la democracia, resuenan las palabras de mi padre: "Actuemos ahora que tenemos con qué modificar la realidad, para no ser mañana los reformistas tardíos, cuando ya nada podemos hacer".

*Secretaria general del PRI