Números al aire

Estamos verdes

El último dato oficial proporcionado por el gobierno estatal, en 2010, alertaba la existencia de 219 mil 159 hectáreas de pastizales inducidos por el cambio de uso de suelo y áreas degradadas. Hoy seguramente la cifra es mayor porque no solo el sector privado y ejidal va sobre las áreas verdes, sino el sector público.

Por un lado se siembra, reforesta y restaura y, por el otro, se derriban sin recato árboles que se cruzan en su camino. A veces el argumento son motivos de seguridad, como ocurrió en el fraccionamiento Casa Blanca de Metepec, donde los árboles asomaban sus raíces a punto de caer, pero la pregunta es quién llegó primero la urbanización o los macizos forestales.

Si fueron los árboles porqué no se planeó alrededor de estas invaluables piezas y si fue al revés porqué se llevaron especies tan grandes a una zona urbana. Cualquier respuesta evidencia desconocimiento y poca visión del tema. Este caso es uno de tantos a lo largo del país.

Hay otras contradicciones evidentes. El tren inter urbano México-Toluca y el segundo piso de la autopista México-Toluca, una vía a la cual la iniciativa privada le sacará mucho provecho, arrasó con 37 mil árboles que cumplían con una función específica como parte del pulmón más importante de la zona metropolitana.

Retiraron vegetación que controlaba índices de contaminación para dar paso a dos obras que tienen como finalidad disminuir esos niveles. Para justificar la medida anunciaron la siembra de 740 mil arbustos que falta garantizar que sean plantados, crezcan y esperar por lo menos una o dos décadas para que transformen el bióxido de carbono en oxígeno.

El compromiso es vigilar la zona y cuidar las plantaciones, lo cual quizá se pueda ver a corto plazo, pero a mediano y largo ¿quién va a ser el responsable? La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales que autorizó tal medida, la misma que aceptó modificar el estatus del Nevado de Toluca bajo la promesa que solo así podrían revertir su degradación.

El tiempo pasa, ya son casi dos años de la re categorización y no se ve ni un solo cambio efectivo. Que si el plan de manejo, que si los ejidatarios, la realidad es que las cosas están peor que antes: el Nevado en riesgo, muriendo y olvidado.

La deforestación muestra sus grandes males: erosión, deslaves, contaminación, falta de filtración de agua al subsuelo, pérdida de la biodiversidad, falta de control de la temperatura...

Por un lado se fomenta el cuidado de plantaciones y, por el otro, en las zonas de mayor nivel de contaminación, las carreteras y edificios arrasan con ellas, alejando a México por mucho de la recomendación de zonas verdes por cada habitante. Pensando solo en cuatro árboles por persona, la entidad debería tener al menos 60 millones y el inventario forestal está alejado, aunado a que no están en las zonas urbanas, donde se requieren. Sobreviven donde no hay negocios a la vista, donde no ha llegado la mano del hombre. En las áreas densamente pobladas debiera existir una hectárea de bosque que garantice el oxígeno de cada 40 mil habitantes.

En la tarea también falta nuestra participación, contribuir al cuidado de las áreas verdes, crearlas a nuestro alrededor, sembrar y cuidar un árbol por cada hijo traído al mundo y otro por cada 10 años de vida. La deuda que todos tenemos es grande. Estamos verdes en cuidado del medio ambiente.