Números al aire

Los ninis de prisión

De acuerdo a la última cifra que reporta el Cuaderno Mensual de Estadística Penitenciaria Nacional, en los penales de la entidad hay poco más de 25 mil 98 internos; la mayoría de ellos y ellas con carácter de sentenciadas por violar la ley, sobre todo por robo en sus diferentes modalidades.

Independientemente de la sobrepoblación de 152 por ciento que además de inhumana es problemática, está la falta de actividad. La gran mayoría de los internos, ni estudian, ni trabajan ni hacen ejercicio con regularidad o alguna actividad recreativa en forma. Y entonces ¿cómo reinsentarlos a la sociedad exitosamente?

¿Cómo lograr que no vuelvan a delinquir si tienen al menos 16 horas diarias de ocio? Si lo único que está a su alcance son ellos mismos, su hacinamiento, lucha interior, historias de terror, resentimiento social, ideas muy a menudo equivocadas y un cúmulo de necesidades que no tienen como cubrirlas.

Y no es que el ocio por sí mismo sea malo, tampoco fructífero. Al ser tiempo libre o descanso de las ocupaciones habituales permite que la mente trabaje y pase en algún momento de las ideas a las acciones, aunque para ello necesita conocimientos y habilidades previas que sirvan de motor para activarse.

De hecho, si la gente en general tuviera más tiempo de ocio podría explotar su creatividad, emprender nuevas acciones, es decir aprovechar esos momentos para tomar impulso y no actuar mecánicamente todos los días de su vida. Pero hablamos de descansos de horas, quizá días, o en casos especiales de algunos meses, no de cinco, 10 o 50 años sin tener que alimente el cuerpo, el alma y sobre todo la mente.

El tema no es el ocio, es cómo y en qué usamos el tiempo libre. Las grandes creaciones y los inventos nacen de una idea que en la mayoría de ocasiones se construye en momentos de reflexión, de soledad o debate, lo cual no parece ser el común denominador de las prisiones cuando en ellas existen muchas mentes brillantes, que más allá de violar la ley pueden hacer mucho más.

Sin embargo, en su mayoría los reos no salen de la cárcel con mayor grado escolar, tampoco con nuevas habilidades laborales porque la industria penitenciaria ya no existe. Lo más que se puede ver son actividades menores, donde la gente hace algunos cuadros de manera que sus familiares tratan de vender en las calles con poco éxito.

Tampoco superan sus problemas de adicción, pese a que la mitad de ellos cometió el delito por el cual fueron encarcelados, bajo el influjo de alguna droga o severamente alcoholizado.

Bajo ese escenario la cárcel solo se convierte en un espacio restrictivo de la libertad geográfica, no en centros preventivos y de readaptación social que todos critican pero que nadie hace nada por cambiar realmente.

El modelo de suspensión de pena a quienes cometen delitos menores bajo el influjo de alguna droga empieza a mostrar resultados. El trabajo, el estudio, la familia y sobre todo un trato distinto generan una perspectiva diferente que no solo beneficia al infractor sino a toda su familia, amigos, vecino y gente con la que tienen contacto.

Porqué no emprender un modelo similar en las prisiones, garantizarles a todos los internos educación formal, trabajo, atención sicológica e incluso espiritual, actividades culturales, para que más allá de escuelas del crimen encuentren su propia oportunidad para salir adelante.