Números al aire

11 millones, responsables

Más allá de ser una obligación o un derecho, votar es una responsabilidad que nos cuesta a todos. La falta de opciones, atractivos o interés que suelen tener entre 5.5 y 6 millones de electores en la entidad para no ir a las urnas y dejar que los demás decidan la pagamos el resto de mexiquenses.

Somos responsables de informarnos, razonar y sufragar por la mejor opción para dirigir el rumbo, administrar la pobreza o riqueza del municipio en que vivimos; del Poder Legislativo que dicta la leyes que debemos acatar, que decide en qué se gastan los impuestos y vigila el comportamiento de los otros dos poderes.

Claro que esto último pareciera que solo se puede lograr en un mundo utópico, porque en la entidad este poder está doblegado al Ejecutivo; hace poco y, lo que hace, lo hace mal y sin conocimiento de causa. Hay ejemplos. Para empezar representan partidos e intereses, no a los ciudadanos.

Esto sucede porque lo permitimos, al votar por quien tiene un rostro bonito, por quien regala varillas, raquíticas despensas, se anuncia más en la tele, tiene la porra más escandalosa, derrocha más dinero o solo porque pertenece a uno u otro partido político pero, sobre todo, por no asumir la responsabilidad de decidir.

Pocas veces la mayoría se equivoca. Las reglas indican que entre menos decidan más altas son las probabilidades de caer en un error. Si todos acudimos conscientes, informados y libres, el resultado será otro.

El derecho a votar es para los mayores de 18 años, representan a quienes presuntamente no tienen una conciencia clara y son fácilmente influenciables. Afirmación que muchos podemos poner en duda. Los menores y adolescentes son pensantes, muchas veces más que un adulto que, por tomarse una foto con un candidato, piensa que ha ganado el cielo y basta que un candidato le sonría o le estreche la mano para votar ciegamente por él o ella.

Al final en una elección somos todos los ciudadanos los que perdemos, pues tenemos que aguantar a malos gobernantes durante tres años, sufrir por sus errores, falta de decisión, sumisión, dispendios, retroceso, falta de preparación y muchas otras carencias.

Los candidatos no tienen garantía. No es tan fácil como regresar una tele a una tienda de autoservicio, donde ya ni preguntan cuál es la razón del cambio, simplemente regresan el dinero o permiten elegir otra pantalla. Lo que el consumidor quiera.

Para los electores la historia no es la misma. Hay que soportar el producto durante tres años y además pagarle mucho mejor que al más eficiente trabajador contratado. Le damos categoría de jefe, le rogamos atención y además le agradecemos que cumpla su trabajo como si hiciera un gran favor.

Es claro que es necesario que este 7 de junio acudamos a las urnas y votemos conscientes que una mala decisión puede afectar nuestras posibilidades de empleo, educación de las nuevas generaciones, el aire que respiramos, las posibilidades de curarnos; pueden robarnos la tranquilidad y condenarnos al atraso.

No es justo que solo uno de cada dos electores asumamos la responsabilidad de elegir. Todos debemos informarnos primero, acudir a las urnas después; vigilar y exigir siempre. Votar libres, votar conscientes.