Números al aire

Tres meses contando

La violencia contra la mujer no se detiene con decretos ni declaraciones. Necesita acciones contundentes de manera sostenida y por todos los frentes, incluyendo al religioso que por años también ha fomentado su papel pasivo, débil, obediente y sumiso que poco ha ayudado a la equidad.
Pero también están los errores cotidianos cometidos en el seno familiar donde se ha educado a la mujer para servir y al hombre para mandar, donde inicia la violencia en todas sus formas. Las deficiencias en el sistema educativo y la amplia libertad de los medios de comunicación, donde se incluye a la publicidad que ha contribuido enormemente a imponer roles y crear estereotipos.
Los tiempos de ocio sirven para ver más violencia. No basta con lo que se ve a diario en las calles. Los noticiarios, que igual están obligados a transmitir la realidad y poner sobre aviso a la población, bien podrían evitar las imágenes grotescas, quitarle la parte espectacular que también aprovechan novelas, series y programas que analizan los beneficios de vender droga y muestran alternativas para ir creciendo en este "negocio".
El teatro, el cine y sobre todo internet y la televisión, que son los medios recreativos y de pasatiempo de mayor alcance, no dan otra opción: ahora muestran el lado humano de los narcos, la vida en la cárcel, la investigación de crímenes y otros delitos, la lucha entre pandillas, la justicia por propia mano. Todo es violencia, le dan sentido y justifican recurrir a ella.
Se ha hecho algo tan cotidiano que poco a poco se pierde la capacidad de asombro ante hechos crueles, que para un niño o joven es normal involucrarse en actos delictivos, buscar la llamada felicidad al menor costo y esfuerzo, por encima de quien sea.
Las dependencias encargadas de vigilar la publicidad y el contenido en medios no hacen nada, no fomentan el sano equilibrio. Han permitido que la televisión abierta, e incluso la de paga, se llene de programación y mensajes violentos producidos en México o en otra parte de América.
Este sábado se cumplen tres meses de la declaratoria de Alerta de Género que emitió el Sistema Nacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres para los municipios de Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Ixtapaluca, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Toluca, Tultitlán y Valle de Chalco, sin variación alguna.
Los crímenes y la violencia en general siguen. Era imposible detenerlas con este acuerdo, aunque si puede marcar una gran diferencia si las políticas públicas son bien encaminadas, no durante este año, sino durante toda la vida, si se incide e involucra activamente a los medios, la escuela y la familia.
No hay que perder de vista que la violencia no es responsabilidad exclusiva de los hombres, también de las mujeres, ya sea de manera directa o indirecta. El tema no es dejar de golpear a mujeres y niñas, sino de respetar a ancianos, indigentes, obreros, sexo servidoras, a la comunidad lésbico gay y todas sus derivaciones, sino de respetarnos todos como seres humanos, de fomentar valores.
También es necesario dejar atrás la simulación de apertura y tolerancia; de exigir cuotas. Hay que ser diferentes, demostrar, dar oportunidades, impulsar. No es una lucha de sexos ni de poder, es simplemente reconocer las contribuciones y capacidades de todos para hacer de este mundo algo distinto.