Números al aire

Democracia partidaria

Una vez más los partidos políticos en la entidad y sus direcciones nacionales están dando cátedra de democracia: cómo acabarla en unos minutos, cómo imponer la ley del más fuerte y decidir en función de sus intereses.

Son los primeros en reclamar el cumplimiento de la ley y los primeros en fingir su cumplimiento, dejando varias rendijas y cabos sueltos en sus normas internas para legitimar la imposición, el control y el monopolio.

Entre más importante es una elección más intromisión hay. Se ha visto claramente. La libertad no es un valor que tenga lugar en los partidos políticos. Solo valoran la popularidad, el apellido, la garantía de perpetuar intereses.

Ahora el PAN justifica el "dedazo" con irregularidades en el padrón de militantes, cuando ni siquiera cumplió con emitir su convocatoria interna a tiempo. No respetó sus plazos internos y turnaron todo al comité nacional.

Ahora se acuerdan del Estado de México cuando en el proceso pasado dejaron morir solo a su candidato. No inyectaron recursos a la elección, ni cerraron filas en esa contienda.

Lo mismo pasa con el PRD. Cuántas veces sus dirigentes han reclamado dinero para la entidad, que los ayude a pagar deudas electorales a quien les genera más de 30 por ciento de votos, sin tener respuesta.

En el PRI las cosas no son distintas. La convocatoria de una elección estatal se dejó en manos del nacional, quien teóricamente tiene la última palabra. Pues bien, hoy se deben dar algunas definiciones, renuncias, licencias pero nadie se mueve, todos esperan línea para no perder algún cargo de consolación.

Necesitan saber cuál será la ruta para dar el siguiente paso: aspirante de unidad; dos registros, el bueno y quien le haga comparsa; todos, con la obligación de retirarse cuando sea el momento. Al final se vuelven alfiles del mismo tablero de ajedrez.

Si la elección fuera realmente justa, abierta y libre, el viernes tendría que haber al menos 10 aspirantes registrados y todos deberían llegar al Consejo para ser votados abiertamente, quizá en una o más rondas para legitimar al primer lugar. Imposible. El PRI está casado con la palabra "unanimidad" de la forma que sea, y para que nadie se mueva más de lo debido diseñaron el prerregistro, esa etapa donde se valorará cualitativamente quién puede seguir. Ahí está el gran filtro, avalado legal pero no democráticamente.

Definitivamente partidos y ciudadanos caminan por sendas contrarias. Donde ellos ven disciplina hay sumisión, el apoyo se vuelve intromisión y el orden se convierte en imposición.