Números al aire

De buena infancia

¿Cuántos niños y niñas crecen plenamente felices? Esta es una de las raíces de muchos problemas que vivimos hoy. Millones crecen solos, sin una familia visible; otros sin padres, olvidados, minimizados como seres no pensantes, cuando tienen un razonamiento más lógico y puntiagudo que muchos adultos.

Sin una infancia sana, rodeada de buenos ejemplos, de libertad, amor, oportunidades no se puede pensar en formar hombres y mujeres de buena madera. En la medida que logremos niños felices, con sueños, sanas ambiciones, confianza en sí mismos; que les enseñemos el valor del respeto y la honestidad, este mundo será otro.

Deben estar en la escuela, a cargo de maestros preparados, que los alienten y motiven a seguir estudiando; con padres presentes, amorosos, que les infundan seguridad, les enseñen a levantarse una y otra vez, les den todo lo que necesitan, sin sustitutos, ni televisiones o tabletas como guardería; solo como complementos .

La realidad es distinta para muchos. Los números no solo no mienten, se quedan cortos. La historia empieza con embarazos no deseados, hijos abandonados desde su nacimiento, otros al paso de los años, que crecen solos con el padre o madre o algún familiar; en casas hogar esperando ser adoptados, otros trabajando en cruceros o en el campo, y otros tantos violentados, abusados.

Con motivo del Día del Niño, el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), recopiló una serie de estadísticas dignas de tomar en cuenta pero, sobre todo, de entender y atender para cambiar esa triste realidad.

Al 2010 había en el país 10.5 millones de niños menores de cinco años y otros 22 millones entre cinco y 14. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 1.7 por ciento de ellos tienen dificultades para realizar actividades cotidianas por alguna discapacidad, lo cual limita su sano crecimiento.

Tres de cada 10 viven en hogares con restricciones económicas que los impactan directamente desde la alimentación hasta el vestido, el estudio, la salud y ya ni que decir de la recreación. De manera que 66.5 por ciento de la población infantil en situación de pobreza extrema tienen un nivel de inseguridad alimentaria moderada o severa.

Uno de cada cinco niños y niñas habita viviendas con condiciones inadecuadas, ya sea por el material de construcción, por carencia de servicios básicos como agua, drenaje, letrinas o hacinados. En un entorno de calles sin pavimento, iluminación, lejanos de los servicios básicos y todo lo que conlleva.

Del trabajo infantil, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) contabilizó, al 2013, que 8.6 por ciento de las niñas de cinco a 17 años realizan una actividad económica y 36 por ciento no asiste a la escuela. Algunos ayudan a sus padres, otros son explotados o usados en actividades ilícitas.

Los números están. La realidad se conoce. Lo que falta es generar mejores condiciones en el hogar, pero también políticas de gobierno que permitan llevarlos, desde sus primeros pasos, por mejores sendas, donde los sueños sean alcanzables y el amor y la capacidad de asombro nunca desaparezcan.