Números al aire

Austeridad pública

Más que austeridad, por años ha faltado visión, planeación, honestidad, claridad y transparencia en prácticamente todo el sector público, sin dejar de lado a los organismos autónomos, como el electoral, que hace unos días anunció recorte de gastos y la suspensión de una obra innecesaria. No se trata de derrochar lo que no es suyo solo porque al país aparentemente le va bien.

Pero no solo ocurre en esta instancia, también en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde los ministros tienen salarios exorbitantes, al igual que muchas otras instancias públicas, incluyendo a los partidos políticos que no trabajan gratis.

A los ediles y funcionarios estatales se les marca un tabulador, les hacen recomendaciones salariales y se les prohíbe tener ingresos extra a los legalmente establecidos; violarlo es motivo claro de señalamiento público e incluso de algún procedimiento administrativo; pero a los partidos, ¿quién les dice cómo gastar las prerrogativas que reciben?

No tienen límites salariales ni de gastos de representación, incluso hay poca transparencia en ese ejercicio, por eso hemos visto que pagan viajes a los hijos y amigos de los líderes, que cubren colegiaturas y cursos de posgrado de gente ajena al partido, rentan casas como oficinas aunque nunca las ocupen y en ellas haya otro tipo de negocios, sin contar los lujos para viajar o acudir a los restaurantes más costosos. Todo sin freno alguno.

Este es el origen de los excesos en el sector público. Los políticos no traen buena escuela. Están acostumbrados a derrochar lo que no es suyo. Buscan no solo el poder sino la comodidad, un estatus que les da el dinero del pueblo a través de diversos cargos públicos.

Pero no nada más ocurre en el sector oficial, los órganos autónomos también se reproducen exponencialmente sin necesidad: o para qué está el INE con sus juntas locales y los llamados OPLES en cada estado, si uno puede hacer la tarea del otro; bastaría con conservar las instancias locales, que además son mantenidas por los gobiernos estatales.

No tendría que pensarse en austeridad en momentos de crisis, sino en gastar bien el dinero en todo momento. Ninguna instancia pública se puede dar el lujo de derrochar lo que no es suyo. Esa conducta solo es válida en su casa y con lo que cada uno lleva en la cartera.

¿Quién les dijo que el desempeñar un cargo público de "alta importancia" les debe representar percibir ingresos 10 o 20 superiores a cualquier trabajador o empleado, solo por tener una "gran responsabilidad"? El servicio público no es ni debe seguir siendo un negocio.