Números al aire

Recursos humanos desperdiciados

El crecimiento de las enfermedades crónicas en el país y en la entidad es más que evidente. También los gastos que estos representan para el sector salud y la posibilidad que pongan en jaque al sistema en unos cuantos años.

Los expertos han dejado claro que la única forma de salvar vidas, además de tener especialistas e infraestructura para su atención, es la detección oportuna de enfermedades como la insuficiencia renal, diabetes y cáncer pero, sobre todo, la prevención.

Para que se dé la prevención y detección oportuna la gente necesita estar plenamente consciente de los riesgos y para ello es indispensable la información y la educación desde los primeros años, no cuando ya tienen arraigados malos hábitos y son víctimas de diversas enfermedades.

Sin pretender convertir a toda la población en médicos, la educación para la salud debe empezar desde la primaria, antes de que la niñez se acostumbre a la comida chatarra, a la vida sedentaria, a adquirir solo productos industrializados y a fomentar los malos hábitos.

Por ello ha sido importante que las universidades formen a especialistas que puedan ayudar, porque no sería una tarea sencilla ni conveniente para los maestros. La Educación para la Salud debe ser muy clara y precisa, sin minimizar ni exagerar la información; lo que se pone en juego es la vida.

La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) ha formado profesionistas en esta materia desde hace alguno años e, incluso, ya tuvieron cinco generaciones de egresados que no han sido tomados en cuenta para cumplir su misión.

Esta institución tiene a 250 licenciados en Educación para la Salud que no logran acomodarse en un trabajo enfocado a su perfil y objetivo de estudio; siguen tocando puertas para convencer a quienes toman las decisiones de incluirlos en la educación formal, tanto en escuelas privadas como públicas.

Su función es muy importante y resultaría de mucha utilidad, aseguraría la viabilidad financiera de las instituciones para los siguientes años, con generaciones más sanas, que reclamen menos servicios de salud, lleguen en estados menos avanzados y cumplan al pie de la letra los tratamientos y cuidados.

Los médicos tienen claro que los cuidados adecuados a un paciente trasplantado, por ejemplo, pueden permitirle un buen nivel de vida por muchas décadas y a personas con diabetes les permite vivir con restricciones pero con buen nivel de vida, además de que, en casos de cáncer, pueden alargar el periodo de vida y hacer menos lesivo este paso.

Quizá las autoridades no han invertido en la materia porque no ven resultados de manera inmediata, ya que su mayor auge se vería cuando los menores de hoy tengan 40 o 50 años. Pero hay muchas posibilidades que las cosas cambien de manera inmediata.

Esto debido a que los niños, adolescentes y jóvenes podrían generar cambios al interior de sus familias y hacer que cambien hábitos, que estén conscientes de todo lo que les hace mal en corto, mediano y largo plazo.

Es claro que a este ritmo no habrá dinero que alcance para atender estas enfermedades crónicas y que el costo directo e indirecto es muy alto, tanto para las instituciones como para las familias de enfermos que son gravemente impactadas por estos males.

La opción, incluir la educación para la salud de manera permanente y seria en todos los niveles de estudio.