Números al aire

Plataformas de trámite

Lo que tendría que ser la parte más cuidada y precisa en cualquier campaña resulta ser lo más olvidado, un tema de trámite: las plataformas electorales. Las elecciones en marcha no son la excepción.

¿Qué porcentaje de los 11 millones 23 mil 636 electores con derecho a votar el 7 de junio conoce las plataformas electorales propuestas para su municipio y para la siguiente Legislatura? Esa sería una de las formas más lógicas para votar informado y tener herramientas para exigir después.

La tarea no es fácil. Tan solo para tener noción de lo que quieren hacer en la Cámara local hay que leer 716 páginas de los 11 partidos y la coalición PRI-PVEM. Hay que perderse en un mundo de estadísticas, críticas, recuentos y tener en frente lo mismo de siempre, los slogans de todos los tiempos: más seguridad, mejores empleos, campo productivo, educación como eje, equidad de género, justicia.

Es como ver los melodramas de televisión, solo cambian los personajes, el lugar y a veces ni los nombres. Igual ocurre con las plataformas. Dicen que son resultado de foros, debates, encuentros, consultas, propuestas de quienes más saben, pero no lo parecen.

Los documentos inician con discursos soñadores, hablan de valores, deseos, de lucha, plantean un escenario nacional y estatal muy largo, que lejos de introducirnos a la problemática, de todos conocida y de muchos vivida, parece tener como objetivo cansarnos e impresionar a más de un lector.

La mayoría decepcionan, causan frustración. ¿A quién irle? ¿Cuál es el menos peor? Es orillarnos a razonar con una lógica mediocre en un tema fundamental. Elegir a quién va a dirigir el rumbo de nuestro municipio, de la entidad, quién va a marcar las reglas, a vigilar que los poderes cumplan y a impedir que el Ejecutivo o el Poder Judicial avasallen.

Al revisar los documentos queda claro que muchos no tienen idea qué pasa en la entidad, tampoco de lo que se hace y lo que no funciona. Nos quieren vender como novedosas acciones de antaño, engañar mezclando en sus plataformas temas nacionales, funciones que no tienen a su alcance.

Con razón no las difunden. Más de uno se daría cuenta del engaño, de la burla, del desconocimiento, de la falta de propuesta. Por eso centran su "comunicación" en frases publicitarias, fotos "puebleando", frases filosóficas, y buenos deseos, porque no tienen proyecto. Al menos no robusto, claro y contundente para atraer al elector.

A los contendientes les conviene que los electores no conozcan sus compromisos. Así nadie exige ni pide cuentas y arrojan un saldo positivo. O quieren vender tres ideas para tres años de ejercicio, lo cual es muy costoso.

El argumento es que sin mayoría nadie saca adelante sus agendas. Parece que el objetivo es imponer, no convencer. Ese ha sido el modus operandi de las últimas legislaturas, sino es que de todas. Solo aprueban lo que emana de su partido, de su líder; lo que conviene a sus intereses políticos, no lo que le hace falta a la gente.

Las plataformas electorales necesitan un peso mayor, no solo en su integración, sino en su difusión, seguimiento y calificación. Esos son los verdaderos compromisos que se firman, no ante un notario, sino ante más de 15 millones de habitantes porque, se vote o no, a todos nos impactan las acciones en el "servicio" público.