Números al aire

Números atrás de los números

En instancias oficiales reconocen que solo 2 por ciento de los delitos se castigan. El resto, se va diluyendo desde el momento que la gente no denuncia, por falta de tiempo, interés, temor a sufrir represalias o falta de confianza en las autoridades correspondientes.

También está la incapacidad de los ministerios públicos para reunir elementos suficientes para consignar, detener y demostrar la culpabilidad del agresor o agresora, ante un juez; en otras, es la falta de rigor en las penas que contempla la ley lo que desanima la denuncia.

Al final, la cifra negra de delitos es muy difícil de estimar. Para tener una idea basta con voltear alrededor y preguntar quién ha sido víctima de un ilícito, si ha denunciado, si le hicieron justicia y, más aún, si sabe qué conductas castiga la ley. Es increíble que muchos no sepan cuándo son víctimas y los mecanismos para defenderse.

Si la gente se sintiera protegida por el sistema de justicia, acudiría al Ministerio Público desde la primera ocasión en que se convierte en víctima y la violencia no escalaría ni pasaría de un golpe a un homicidio; la incidencia se concentraría solo en delitos menores, no en ataques sexuales, lesiones que ameritan hospitalización y dejan secuela, ni mucho menos en feminicidios.

Una parte de la realidad que viven las mujeres se observa con el número de denuncias. De septiembre de 2011 a la fecha, la PGJEM ha integrado 213 carpetas de investigación por homicidios dolosos con perspectiva de género, donde una gran parte estuvieron precedidas de violencia física, patrimonial, psicológica, sexual, entre otras conductas que debieron pararse a tiempo.

A esto se suman las 18 mil agresiones y delitos sexuales que se denunciaron ante el Ministerio Público de 2011 a la fecha. En este delito es donde más se esconde una cifra negra, no se atreven a denunciar por temor a otra agresión.

En estas conductas no hay solo una víctima, el daño no se centra solo en la mujer asesinada, sino en los hijos huérfanos, en sus padres, hermanos y quienes ven y viven a diario la violencia con ellas sin esperanza de justicia.

Aunque la violencia en contra de las mujeres tiene la raíz en los valores, el respeto y la igualdad, ha sido abonada por el deficiente sistema de procuración y administración de justicia que no siempre ha puesto a cada quien en su justo lugar.

Hoy hay más herramientas jurídicas para prevenir, proteger y hacer justicia, pero de nada sirven si no se exigen y si no se cumplen. No basta con cambiar la mentalidad desde el seno familiar si no hay garantía de justicia, si los posibles agresores no tienen temor de la ley ni de las instituciones.

La alerta de género no puede quedarse en un momento y espacio, debe ampliarse a todos los rincones de la entidad y del país. Mostrar como punto de partida sus beneficios en los primeros 11 municipios, no como reflejo de una violencia incontrolable, sino como muestra de control y atención.

Hoy existen 87 municipios en Edomex sin un solo feminicidio, pero ello no quiere decir que no haya violencia de género y no sea necesario trabajar para que las mujeres conozcan sus derechos y evitar que la realidad se desborde con números detrás de otros números.