Números al aire

Iglesia, Estado y Matrimonios

La imposibilidad de aprobar, durante el reciente periodo extraordinario de sesiones, las reformas al Código Civil para permitir las uniones legales entre personas del mismo sexo en la entidad, no solo deja ver la endeble separación de la Iglesia y el Estado, que a nadie sorprende, sino la concepción que tiene una parte de la sociedad del matrimonio, la familia y los derechos humanos.

El argumento más rápido es que la presión de la Iglesia surtió efecto, pero no hay que perder de vista la existencia de varios diputados y diputadas con muchos prejuicios sobre el tema, algunos motivados por una real preocupación, otros por imposición, pero también los hay con ideas machistas y homofóbicas, al fin y al cabo son humanos y parte de esta heterogénea sociedad.

Para ser realistas la postura en contra no es solo del PAN, que insiste en enarbolar una postura conservadora que no todos ellos comparten ni cumplen a cabalidad, pero asumen para no ser considerados como in subordinados o "bichos raros".

En los demás institutos políticos hay gente con la misma postura o incluso más radical, pero pocos se asoman a la luz para no ser "quemados en leña verde" ni asumir el costo político de trabajar abiertamente a favor o en contra de la comunidad LGBTTTI.

Sin embargo, no es un tema exclusivo de estos grupos; solo en apariencia. Involucra a todos, porque es un cuestión de elemental respeto a los derechos humanos que tanto pregonan las instituciones, los tratados nacionales e internacionales y más recientemente los fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El aplazamiento o posible olvido de esta iniciativa -porque todo puede ocurrir, sobre todo a un año de las elecciones para gobernador- no son responsabilidad exclusiva de la Iglesia, ni de un partido en específico, sino de todos los institutos políticos, del mismo gobierno que no promovió su iniciativa como la de endeudamiento, y por su puesto de la sociedad, porque sólo unos cuantos se manifestaron a favor y otros en contra; la mayoría prefirió, como popularmente se dice "ver los toros desde la barrera".

Los únicos sectores que se expresaron fueron los jóvenes y de ellos los universitarios, quienes tienen una postura válida pero no general del sentir estatal; ni siquiera las preguntas hechas en redes porque los generadores de esas encuestas tienen como seguidores a los mismos grupos; universitarios en un caso y en el otro a políticos, los cuales sólo muestran una parte de la realidad.

Es evidente que la tradición de consultar o hacer caso a la Iglesia no se ha logrado erradicar y en muchas ocasiones ha sido fomentada por los políticos quienes gustan codearse con algunos jerarcas eclesiásticos y de paso pedir algunos favores, por lo cual les da miedo incomodarlos cuando no hay razón alguna para que el clero participe en este caso, pues lo que se discutía era la unión civil, no la religiosa. Es como si el Estado pidiera modificar las reglas para hacer la primera comunión o casarse. Basta que la religión católica no reconozca estas uniones civiles y no les celebre los sacramentos, aunque seguramente a pocos de ellos les interesa esta parte.

El tema quedó en "stand by" pero visto en términos legales y de plena justicia, no tienen vuelta de hoja.