Números al aire

Equidad y legalidad

La ley como la historia la hacen los vencedores. Ese ha sido el gran problema en muchos espacios, sobre todo en el político, donde la equidad brilla por su ausencia.

Los principios de distribución de espacios en radio y televisión, así como las prerrogativas favorecen siempre a los mismos y difícilmente se logra romper esa tendencia, generando grandes parques jurásicos donde las mismas familias controlan el rumbo del estado y el país entero.

Lo justo sería que todos los partidos y candidatos tuvieran las mismas tribunas, espacios, spots y recursos para que los electores pudieran valorar por igual todas las opciones, no este círculo vicioso en el cual vemos siempre a los mismos.

Si todos los contendientes compitieran no solo bajo las mismas reglas, sino en las mismas condiciones los electores se sentirían más involucrados y no espectadores del circo, maroma y teatro que burdamente montan los partidos.

Todos los contendientes se sentirían vulnerables, se generaría una competencia real entre, donde los candidatos y partidos participarían con las mismas posibilidades de ganar si eligen a un buen candidato o candidata y abandera la mejor propuesta.

Dejaríamos de mantener partidos de chocolate que solo nacen para dividir, para tener empleo y una manera cómoda de vivir, las campañas no se ganarían con dinero, poder y torciendo la ley, sino por capacidad y propuestas.

Cuando los electores acuden a las urnas teóricamente votan por un cargo de elección popular no firman un cheque en blanco por toda la eternidad; sin embargo, las reglas de la competencia permiten que los primeros lugares gocen de privilegios por mucho tiempo.

Es suficiente el privilegio que tienen de gobernar tres o seis años, de demostrar su capacidad en la práctica, su nivel de cumplimiento y espíritu de servicio. Como saben las grandes carencias y riesgos que tienen, por eso se auto asignan ventajas.

Este sistema ha propiciado la aparición de varios partidos políticos que no tienen en la mira ganar, solo mantener el registro y con ello recibir prerrogativas. Esto los ha sumido en el conformismo, no los obliga a esforzarse y por ello en cada elección se repite la misma historia, seis, ocho, nueve o 10 partidos y solo una, dos o tres opciones reales.

Para mejorar se necesitan iguales con quien competir, pero es tanto su miedo que hasta a los independientes les ponen grandes obstáculos para no correr riesgos ni perder los grandes privilegios de unos cuantos sectores, grupos y sobre todo de unas cuantas familias que viven del poder.