Voces Ibero

Del Sol al Cesio

La definición del tiempo, como dimensión del cambio y de la sucesión de acontecimientos, nos plantea distintas formas y maneras de medirlo; desde lo repetitivo como el día y la noche, de lo rítmico como el pulso cardíaco, de lo cíclico como las estaciones o de lo definitivo e irreversible como un espejo estrellado o el término de una vida.

Así el día marca las horas de sol que no siempre son doce, los meses cuentan las fases de la luna, y las estaciones del año la posición de la tierra alrededor del sol; todas estas medidas de tiempo se asocian a una frecuencia. Dividir el día en doce horas, agrupar los días en siete por semana o dividir las horas, los minutos y los segundos por sesenta han sido decisiones arbitrarias, podemos decir sin duda que los romanos vivían con horas que no eran uniformes ni de sesenta minutos.

La precisión de la medida del tiempo evolucionó a la par que la medición de fenómenos físicos regulares como la longitud de la sombra de los obeliscos o el flujo de agua en las clepsidras, la necesidad de mayor rigor en la medición del tiempo impulsó la aparición de los relojes mecánicos cuyos engranajes y la oscilación de un volante regulan la liberación de la energía que se acumula cuando se le da cuerda. 

En 1928 se descubrió que los cristales de cuarzo SiO2 resuenan -- como las campanas-- cuando son atravesados por una corriente eléctrica con una nota extremadamente estable de alta frecuencia y que además si se comprime, la tensión eléctrica entre sus caras hace que se contraiga y dilate regularmente, convirtiéndolo en un oscilador, este descubrimiento derivó en el reemplazó de los mecanismos clásicos y originó un cambio significativo en el uso, consumo y fisonomía de los relojes. 

El oscilador empleado en un reloj atómico es el isótopo 133 del Cesio, en 1967 se utilizó como patrón para establecer la escala del tiempo atómico y definir al segundo como la duración de 9,192,631,770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de Cesio (133Cs), a una temperatura de 0°K.

Laplace dijo, “El tiempo es para nosotros la impresión que deja en la memoria una serie de eventos de los que estamos seguros que su existencia ha sido sucesiva, el movimiento es lo más indicado para medirlo porque un cuerpo no puede estar en varios lugares a la vez”, sea este el Sol o el electrón de la última capa del Cesio.