Voces Ibero

Escribir en el aire

Nuestros pensamientos escritos hoy en día viajan convertidos en ceros y unos a través de medios electrónicos invisibles, llegan en un santiamén a cualquier lugar de la tierra para ser leídos en una numerosa y variada colección de dispositivos. 

La distinción de los cambios tecnológicos entre épocas la apreciamos históricamente en el contraste; la  escritura a distancia hace su aparición rodeada de sospechas a finales del siglo XVIII y por primera vez se empleó la palabra telégrafo para nombrar al dispositivo que la implementaba.

El avance de la escritura a distancia fue posible cuando se pudo ver de lejos, esto es, cuando se inventó el telescopio que pudo aumentar hasta sesenta veces lo que se podía observar. Claude Chappe, inventor del telégrafo aéreo, utilizó un lenguaje de señas basado en formas dibujadas por las posiciones que se logran con una barra  de fierro y dos barras más pequeñas en sus extremidades.

Estas eran escritas con cuerdas y poleas y se hacían visibles desde la parte alta de una torre.

Cada posición un número, tres números un código, y éste último referido a un vocabulario, una página y a una palabra escrita en un libro que sólo poseían los telegrafistas. En el paisaje todos podían observar las señales, pero el mensaje permanecía en secreto. 

El apoyo a esta tecnología aérea se debió a su utilidad en el despacho de mensajes durante la guerra; treinta palabras podían ser transmitidas entre Paris y Lion (aproximadamente 500 km) en menos de una hora. En tiempos de paz se empleó para enviar los números ganadores de la lotería, y así poder evitar los fraudes, ya que se seguían vendiendo boletos en tanto no llegaran los números oficiales.

Subsistió por más de cincuenta años, desde los tiempos de la Francia revolucionaria y hasta que fue remplazado por el telégrafo eléctrico hacia el año de 1855. 

Los inconvenientes atmosféricos como la lluvia, la neblina, el humo y que sólo funcionara de día no le permitieron resistir la nueva propuesta tecnológica y tampoco a la también promisoria telefonía. Estos transmisores de pensamientos han sido remplazados por los dispositivos móviles, digitales, invisibles, satelitales.

Imaginemos quién remplazará a nuestro telégrafo celular amigo. 


claudia.guerrero@iberotorreon.edu.mx