La historia en breve

Para eso son los vicepresidentes Osorio y Videgaray

Un punto muy exitoso habrá que reconocer a la Oficina de Los Pinos y a la dirección de comunicación de la Presidencia de la República: han blindado al presidente Peña Nieto en los temas y momentos graves.

Dos buenos ejemplos ocurrieron la semana pasada. Mientras la Secretaría de Hacienda tiraba las esperanzas de que 2014 sería el año del repunte económico, el Presidente consolaba a la madre del niño muerto por bullying en Ciudad Victoria. El jueves, mientras la Secretaría de Gobernación hacía malabares para contrarrestar la infausta semana de arranque del operativo de seguridad en Tamaulipas, el Presidente agradecía a las autodefensas de Michoacán su transmutación en fuerzas rurales oficiales.

Hace no mucho, Jorge Castañeda y otros intelectuales proponían crear la figura del vicepresidente para que se encargara de enfrentar en público las situaciones de discordia, domesticara los conflictos, se desgastara y quemara de ser necesario. Al Presidente había que apartarlo al máximo de los imponderables para que se concentrara en la estrategia y brillara con el liderazgo y los símbolos.

Las cifras de la economía, del Sistema Nacional de Seguridad Pública y las encuestas de popularidad coinciden en que no hay demasiado que celebrar en el primer cuarto del sexenio. Pero los mexicanos quieren seguirse tomando la foto con el Presidente, hablar con él, tocarlo, como mañana hará con alegría la selección de futbol. Y ni modo de gastar la ocasión en reclamaciones de que las cosas van mal, ha dicho El Piojo Herrera.

Pues, no. No al Presidente. Para eso están los vicepresidentes Osorio y Videgaray.