La historia en breve

El resultado será un desastre

Después de observar al PRD ayer en el Zócalo, no quedan grandes dudas de que peleará para complicar lo más que pueda una reforma energética donde “el Estado mexicano perdería la exclusividad en el manejo del petróleo y la electricidad”.

Sin mezclarse, cuidando diferenciarse del PRD, el movimiento de Andrés Manuel López Obrador hará pronto lo propio. Saben que no cuentan con los votos para impedir que PRI y PAN aprueben la reforma, pero sí el músculo para acotarla y encarecerla políticamente.

Escribió ayer Luis Rubio que si la legislación de la reforma es insuficiente, el resultado será un desastre. “La implicación es obvia”, dice con lógica clara. “O creamos un régimen realmente competitivo que atraiga a los capitales relevantes e importantes en el mundo o mejor no perdamos el tiempo”.

El gobierno del presidente Peña Nieto, pues, sigue teniendo ahí los votos, pero la intemperie poco tiene que ver con la del 2 de septiembre, cuando prometió 120 días fantásticos para transformar a México. La ruta crítica que eligieron, la  tozudez de la resistencia,  la soberbia al exponer e imponer la reforma hacendaria y el discreto desempeño de los principales operadores del régimen, no han creado las mejores condiciones para sacar una muy buena reforma energética.

Una reforma que, por lo demás, y hasta donde se conoce, no propone subvertir los vicios administrativos de Pemex ni la corrupción de su sindicato, pero sí encamina una radicalización de la izquierda, y quizá otros grupos que todavía no están en la escena.

Con la reforma energética, concluye Rubio, “lo que está de por medio es una palabra, TODO; tal vez hasta el sexenio”.

Para allá vamos.