La historia en breve

Hay un primer ganador: Carlos Romero Deschamps

Las imágenes lo decían todo. Presente ayer en el salón de las comisiones del Senado, en una butaca junto a los coordinadores del PRI y el PAN, sereno, seguro, bien vestido, bien dormido, Carlos Romero Deschamps seguía atento la deliberación. Quienes hace seis meses pensamos que sus días al frente del sindicato petrolero estaban contados, nos fuimos en banda.

Escribí aquí el 27 de mayo que el diseño estratégico del gobierno para conseguir una reforma energética que valiera la pena tendría que ser una pieza de relojería, sin cabida para “un paquidermo al que medio México señala como quintaesencia de la corrupción, un líder sindical con 20 años en el cargo convertido en símbolo de oprobio, enriquecimiento inexplicable, despilfarro ultrajante”.

En ninguna de las diez coincidencias de PAN, PRD y gobierno federal en el dictamen de la reforma energética hay una referencia al sindicato. Solo se lee (página 207) que “las leyes respetarán en todo momento los derechos laborales de los trabajadores…”.

En el capítulo de las medidas anticorrupción, se fija un plazo de 120 días a partir de que entren en vigor las nuevas leyes para adecuar el marco jurídico y establecer los mecanismos para “prevenir, identificar y sancionar” la corrupción.

Nada en las 295 páginas. Nada.

Tomará tiempo antes de que los especialistas puntualicen convincentemente quiénes son los verdaderos beneficiados por el dictamen y la presumible aprobación de la reforma. Habrá menos dudas en señalar a un primer gran ganador: Carlos Romero Deschamps.

Al final, ni quien se acordara de él.