La historia en breve

“¡No más ‘moches’, no más ‘moches’, no más ‘moches’!”

“¡No más moches, no más moches, no más moches!”, gritaron ayer en Guanajuato los entusiastas de Ernesto Cordero en uno de los actos del candidato a la presidencia del PAN.

Los moches, para quien no lo sepa a estas alturas, son las comisiones y condiciones que diputados federales panistas afines al otro candidato del PAN, Gustavo Madero, habrían pedido a autoridades locales para liberarles un presupuesto, entregarles dinero, canalizarles recursos.

Es lógico, plausible incluso, que el adversario de Madero le dé resonancia a la acusación de una práctica tan repugnante y la convierta en parte sustantiva de su discurso. Salvo por una cosa: cinco meses después de la primera “revelación”, nadie ha probado a cabalidad que los panistas-maderistas, en especial el coordinador de los diputados, Luis Alberto Villarreal, exigieran o exijan moches.

Cinco meses después, no han emergido las acusaciones de las autoridades locales presuntamente extorsionadas por la deshonestidad de los legisladores de San Lázaro. Hasta hora, además, la única denuncia presentada ante las autoridades es la del propio Villarreal para que se investiguen los supuestos hechos.

“Son mentiras publicadas a ocho columnas”, me dijo Villarreal. “Una campaña permanente de desprestigio con dolo”.

Lo cierto es que pasó un tiempo, no hay pruebas y sí mucho lodo. Y, al parecer, un grito que quisiera acomodarse como lema de campaña: “¡No más moches, no más moches!”.

Como con el caso Colosio, parecería que lo esencial no es probar, sino sembrar una sospecha efectista y eficaz.

Escandalizar.