La historia en breve

Yo lo llamo asesino

Luz María Dávila, la mujer que conocimos después de la masacre en Villas de Salvárcar. La madre que perdió dos hijos, Marcos de 19, José Luis de 17, “y mucho de mi vida también”. La señora que increpó al presidente Calderón cuando tuvimos que voltear a Ciudad Juárez. La del abrazo a Javier Sicilia en el puente del kilómetro 20, en aquella caravana inolvidable de 2011. Dígame qué piensa, Luz María.

“Muchos lo vieron”, me responde con la voz entrecortada. “Había pruebas suficientes de los que lo reconocieron”. Se refiere a Israel Arzate, el único presunto asesino de los 15 jóvenes en Villas de Salvárcar (el 31 de enero de 2010) que estaba en prisión, y a quien la Suprema Corte de Justicia acaba de poner en libertad por fallas en el debido proceso. Asunto cerrado.

“Tengo mucho coraje”, llora Luz María. “No es justo. Fue una estupidez que lo hayan dejado libre. ¿Eso quiere decir que tengo que aplaudirle al asesino de mis hijos, mientras yo me quedo nada más con el recuerdo?”.

Un dolor que no se puede soslayar.

“Es una propagación de la injusticia y la impunidad”, me dice Adrián Cadena, padre de otro joven asesinado en Salvárcar. “Es la defensa de los asesinos. Porque Arzate es un asesino. Asesinó a mi hijo”.

Quisiera correr a abrazarlos. Pero solo alcanzo a comentarles que la Suprema Corte no se pronunció sobre la inocencia de Arzate. Y que ante la duda infinita, yo lo llamaré asesino. Como llamaré secuestradora a Florence Cassez.

Podría llamarlo, simplemente, Israel Arzate. Lo llamo asesino. Asesino de 15 jóvenes en Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez.