La historia en breve

El gobierno de Peña Nieto queda en las manos del PAN

El PAN rompió el guión. Con las reformas política, energética y de telecomunicaciones en puerta, su papel en la reforma hacendaria tendría que haber sido el cómodo oponerse y votar en contra. Levantar un poco de polvo, sacudírselo y presentarse bien peinado al baile de noviembre.

No lo hizo. Su rechazo a la reforma sin imaginación, hostil con la inversión que impusieron a rajatabla el gobierno y el PRI, escudados por el PRD, fue en serio. Los panistas están agraviados y se saben en armonía con
electores potenciales agraviados también por el paquete fiscal Peña Nieto-Videgaray.

El gobierno no puede darse el lujo de perder, siquiera posponer para el próximo año, la reforma energética. Incapaz de animar la economía, proclive al déficit fiscal, visto ahora con reserva en el extranjero, sería una pésima noticia que fracasara en este, su gran proyecto.

Y la reforma energética es con el PAN, que ya el 12 de agosto calificaba la iniciativa del presidente Peña Nieto de “miope, retrógrada y corta”.

El PAN quiere mucho en lo político y en telecomunicaciones. E inversión privada irrestricta en todas las áreas y procesos del ciclo de hidrocarburos y electricidad. Y la quiere en la modalidad de concesiones. Y reducir a Pemex al punto de empresa paraestatal dominante.

Y algunas cosas más. El simple hecho de jugar con el reloj y poner en riesgo la aprobación de la reforma energética en 2013 es nitroglicerina en una carreta con ruedas de madera.

La pelota está la cancha del PAN. Y al peñanietismo le urge que se la devuelvan. Que un partido que hoy se siente pisoteado, se la devuelva.

Bienvenidos a noviembre.