La historia en breve

La confianza de Emilio Lozoya

Escribió Haruki Murakami, en el imprescindible libro sobre los maratones y la vida, que el tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente muy fino.

Buena parte de lo que Emilio Lozoya me respondió ayer en una entrevista, lo perfiló una tarde que tomamos café, cuando se jugaba la primera ronda del Mundial. Le pregunté esa vez si no estaba fastidiado con las burocracias y ataduras de Pemex; él, triunfador en los mercados internacionales. Me contuvo asegurando que estaba feliz en la dirección, y que el momento y la oportunidad para Pemex y el desarrollo de México lo pagaban todo.

Tenía dudas de cómo quedarían las leyes secundarias de la reforma energética, pero ya hablaba de un interés increíble de los inversionistas por tomar riesgos en el mercado mexicano. Ayer expresó que estaba muy satisfecho con las leyes y proyectó que de 27 mil millones de dólares de inversión en el sector en 2014, podría pasarse a 35 mil o 40 mil millones en 2015.

Y con una fe grande, describió que surgirán nuevos Pemex según las necesidades, que invertirán en los mejores lugares para explorar y explotar petróleo, tratarán de convencer al sindicato de que en el México contemporáneo no es justa una jubilación a los 55 años, descartan construir nuevas refinerías y no se entrometerán en el Fondo que distribuirá los dólares que genere Pemex.

Lo escuché convencido, seguro, medido, contento. Como en aquel café, cuando, si no mal recuerdo, jugaban Ecuador y Honduras.

En el libro de los maratones y la vida, Murakami dice también que, una vez que se ajusta el ritmo, lo demás viene por sí solo.

Veremos.