La historia en breve

La buena estrella de López Obrador

Para Andrés Manuel López Obrador, la lucha no es solo una estación camino a algún lado, sino toda una manera de viajar. Por eso, si lo informado por los cardiólogos de Médica Sur es rigurosamente cierto, el infarto al miocardio será una estación más y en unas semanas estará de regreso en la batalla. Porque de ahí es y, aunque suene a balada pop, su corazón no lo detendrá.

Como conozco a decenas de personas disciplinadas que incluso han rehecho y optimizado su salud después de un infarto (ojalá sea el caso de López Obrador), creo que lo de ayer, pasados dolores y sustos, pudo caerle del cielo. Un día antes de que la tan embestida reforma energética del gobierno y el PAN llegue al Congreso, él manda decir desde la sala de terapia intensiva, a través de su hijo, ni un paso atrás en la lucha. No podrá sumarse hoy al cerco del Senado, como prometió el domingo, pero estará su espíritu, aumentado y mejorado por el percance clínico.

Una descalabrada en un pozo petrolero a principio de 1996 lo propulsó a figura nacional de la resistencia. El rostro ensangrentado, la camisa blanca, los brazos cruzados, lo metieron a las primeras planas. Y ya no salió.

Propuse aquí el lunes 28 de octubre, después de un tercer deslucido mitin por el tema petrolero, que López Obrador no podía permitirse pasar de noche en esta temporada crítica. Que urgía que recuperara la voz que sacudió y entusiasmó hace poco a 16 millones de almas.

Su tenacidad y ahora su buena estrella lo devuelven al primer plano. Y además, los cardiólogos le pedirán que se mantenga activo para fortalecer el corazón.