La historia en breve

La "alerta Krauze" y el fin de año

Dicen los empresarios con razón que, aprobadas las largamente aplazadas reformas estructurales, se acabaron los pretextos para no ser notablemente mejores. Ahí están ya: laboral, educativa, financiera, telecomunicaciones, competencia, transparencia, energía. En 2013 se consumó el sueño imposible.

No hay, sin embargo, un sentimiento de victoria, de nueva era. Lo que escucho, leo, es más bien distante, escéptico.

Enrique Krauze aporta una clave sobre esa frialdad en el artículo “La difícil reforma petrolera en México”, donde analiza el controvertido historial de las privatizaciones en México y la sensibilidad nacionalista, que traduce reformas como la energética en pecados contra la historia. Pero, según él, hay una razón más poderosa para la duda.

“Es el temor a que el incremento en renta petrolera simplemente eleve el nivel de corrupción hasta los extremos”, escribe. “Dado el pasado desempeño de los gobiernos, es legítimo permanecer escéptico. La oposición podría hacer un gran bien si se enfocara en proponer esquemas prácticos para prevenir la repetición del fiasco económico: mantener una estrecha vigilancia sobre los contratos, certificar la productividad y transparencia de las nuevas inversiones públicas, crear un fondo para desarrollo futuro (como en Noruega), monitorear los posibles daños ecológicos, reestructurar y modernizar Pemex y, lo más importante, asegurar que las utilidades no se canalicen a la expansión de la burocracia, sino que lleguen al pueblo mexicano”.

Absolutamente de acuerdo con esta alerta Krauze. No hay de otra. Ya no hay de otra. Felices fiestas. Nos vemos en 2014.