La historia en breve

El PAN patea el bote para aplazar un inevitable bombardeo

Un querido amigo de aguda perspectiva política, de esos que suelen acertar en el pronóstico, me dijo ayer que el PAN pateó y seguirá pateando hasta donde pueda la aprobación de las leyes secundarias de la reforma energética. Y que solo así se puede entender el sorpresivo y acompasado anuncio del martes para exigir, ahora como condición sine qua non para su voto, ¡la adecuación de la reforma electoral en los congresos estatales!

El razonamiento del amigo es sencillo. Para el gobierno del presidente Peña Nieto, el PAN fue un aliado muy útil y productivo en el arranque de la administración, pero hoy no vale mucho más que los votos para sacar el pendiente energético. El PAN estaría pensando más o menos lo mismo, de ahí que, con el argumento que tenga en mano, trataría de estirar los tiempos. Los votos están, el asunto es cuándo se entregan.

Porque una vez aprobadas las leyes energéticas, la próxima estación será el proceso electoral de 2015: comicios federales, nueve gubernaturas, mil presidencias municipales que el PRI y el PAN (y el gobierno) querrán ganar. Ahí terminaría el amorío nacido el 2 de diciembre de 2012 en el Pacto por México.

Parafraseando al clásico, las elecciones del 2015 podrían ser la continuación de la política por otras vías. Por ejemplo, la vía de pedirle a la PGR y las secretarías de Gobernación y Hacienda que desempolven “ciertos” expedientes para remitirlos a los juzgados, o a los medios de comunicación.

La guerra político-electoral, pues. Es comprensible que el PAN busque demorar el inevitable bombardeo.