La historia en breve

Ni vulgar pasatiempo ni televidente idiota

Con los ratings en televisión abierta de la final Alemania-Argentina puede completarse un análisis. Es hora de cancelar al menos cuatro mitos y mentiras redondas:

1. La cortina de humo. Desde 1994, el Mundial ha sido para México siete, ocho partidos. En 2014, solo el juego inaugural, los cuatro de la Selección, el Brasil-Alemania, la final y otro por ahí registraron ratings sobresalientes. Un partido cada cuatro días en un mes no alcanza para formar cortinas que escondan fechorías políticas.

2. El vulgar pasatiempo. En un momento del México-Holanda, 98 de cada 100 televisores encendidos sintonizaban el partido. En los otros juegos de la Selección, el porcentaje rozó los 90 y en la final tuvo un pico de 83. Ciertos encuentros mundialistas pueden convertirse en el mayor fenómeno social en un país de 120 millones de personas. Sin segundo lugar a la vista.

3. El televidente idiota. El ciudadano mexicano del siglo XXI elige. Quizá pueda manipularse a alguno, no a millones, no a 98 de cada 100. El discurso elitista y pestilente de la enajenación a través del futbol hizo un peor ridículo que los equipos de España, Portugal y Brasil juntos.

4. La Selección del Presidente. El Mundial de Brasil volvió a demostrar que el futbol sigue siendo en buen grado cosa de una patada afortunada (Alemania estuvo a una de perder con Argelia en octavos, para economizar ejemplos). Con semejante azar es suicida montarse políticamente sobre un equipo. Lo entienden líderes como Peña Nieto, Cristina Fernández, Angela Merkel. No así las Dilmas protosoviéticas.