Francotirador

Nadie ha podido con "Don Camión"

Ocupar esa oficina es como estar condenado al fracaso político: duran poco, salen quemados, acusados de corruptos, pierden amistades y hasta su tranquilidad, amenazados por denuncias penales y hasta por delincuentes.

Ser el responsable de Tránsito, Vialidad o Movilidad en el gobierno estatal ha sido uno de los peores trabajos para los políticos de los últimos cinco o seis lustros, salvo contadas y muy honrosas excepciones.

Repasemos solo algunos nombres que han pasado por allí: Rubén Carlos Gutiérrez, Alberto Mora López, Eugenio Pelayo, Germán Camacho, José María Hernández, Leopoldo Montelongo, José Manuel Verdín, Alfonso Rejón, Diego Monraz, Mauricio Gudiño y actualmente Servando Sepúlveda.

¿Qué recuerda de la gestión de cada uno? ¿Qué de bueno y qué de malo?

Algunos endurecieron el trámite de licencias de conducir, otros lo relajaron; unos remodelaron el vetusto edificio de Circunvalación y Alcalde; otros hicieron obligatorio el uso del cinturón de seguridad, otros cambiaron el color de las patrullas o introdujeron la semaforización computarizada, digitalizaron procesos, pusieron y quitaron ventanillas multitrámite, colocaron fotomultas o las extendieron, con algunos se dijo que aumentó la mordida, pero hay algo con lo que ninguno ha podido: el transporte público.

Todos tuvieron una o varias razones para ello: uno no duró ni un mes en puesto, a otros los grillaron, otros se pelearon con los transportistas, otros no tenían poder, pero eso es lo de menos, lo que sí es público y notorio es que el servicio ha bailado al son de los hombres del negocio.

Cuando se les “castigó” con poner rampas para personas en silla de ruedas en el 10 por ciento de sus unidades lo que no se dijo entonces es que ese 10 por ciento era para unidades extras, eso implicó crecer el parque vehicular y el negocio de los empresarios del transporte según lo confiaron en privado algunos de ellos tiempo después.

En cierta gestión se presumió que, por su mal servicio, no se les había autorizado ni una nueva ruta a los transportistas en la ciudad. Verdad a medias o mentira completa: lo que se hizo fue autorizar extensiones de las rutas existentes, ya fuera en su derrotero original o en “derivaciones”, de allí que crecieran con una cantidad increíble de sufijos: la A, B, o a la C, D o más letras, o la ruta equis pero una es la “Haciendas”, otra “Santa Fé”, “Balcones”, etc y etc, y con ello más camiones y más negocio. ¿Y quién lo notó?

Súmele el otorgamiento de subsidios y la indignante tolerancia a los atropellamientos atribuidos a camiones y midibuses.

Si bien en Guadalajara se puede decir con toda justicia que hay un transporte público con autobuses menos peores que el que se brinda en otras capitales de estados en el país (basta comparar los modelos que circulan aquí con algunos de aquéllas), esto no es consuelo.

Este 8 de mayo inicia la primera ruta-empresa, el enésimo esfuerzo por modernizar el transporte público en la ciudad, el que nace entre cuestionamientos del Observatorio del sector y también de  usuarios y vecinos.

Considerando el poco tiempo que le queda a la actual administración estatal y que es la etapa de menor fuerza de todo gobernante, y si le sumamos la reticencia del sector, vecinos y usuarios, es muy probable que no alcance el tiempo para instrumentar las 18 rutas troncales que pretenden, así como que este proyecto no represente un cambio radical de mejora. Ojalá me equivoque.

celso03@icloud.com