Malas compañías

Cuatro reflexiones

Hace algunos años adquirí a precio módico un librito simpaticón en el que Jorge Arturo Ojeda recopila y trascribe textos de lo que Juan José Arreola dijo en diferentes ocasiones sobre la mujer.

Se trata de pensamientos e ideas capturadas en entrevistas que realizaron con el escritor, Federico Campbell, Emmanuel Carballo, Mauricio de la Selva, José Luis Carabes González y Fernando Diez de Urdanivia.

El libro "Juan José Arreola. Y ahora la mujer", editado en 1975 por Utopía, se convirtió en un buen compañero de cabecera. Son sesenta y nueve reflexiones del escritor, que se expone a sí mismo como devoto del tiempo, del amor, las bellas artes, y las mujeres.

Cuatro momentos indispensables (básicos) con Arreola:

(1) "Cuando estoy enamorado me olvido de todo y realmente no necesito escribir más que las cursilerías habituales de las cartas. Sólo la desdicha me devuelve la razón. El golpe de la separación me hace lúcido".

(2) "Nada me angustia tanto como darme cuenta de que irremediablemente estamos aislados, de que morimos y vivimos perdidos en nuestra individualidad y que la comunicación perfecta es imposible".

(3) "El tiempo para mí es un suplicio porque representa mi propia duración. Mi paso por la vida me abruma porque la vida es atroz".

(4) "Creo que todo artista es un exhibicionista moral. Hay una especia de desvergüenza, de impudor; pero cuando es legítimo y profundo, cuando uno se quita todas las camisetas y hasta la piel y hasta los tendones, y deja el esqueleto y los nervios al descubierto...cuando un gran artista logra confesarse, la humanidad se está confesando con él".

Juan José Arreola evoca su infancia: tenía menos de diez años y barría el pasillo de su casa, en ese instante lo sobrecogió la inspiración e hizo un pequeño poema. Su hermano lo oyó: "Mira, sabes hacer versos. Eres poeta".

Encontramos a un Arreola nostálgico: "La visita de Pablo Neruda a Zapotlán representó para mí el primer trato con una persona a quien tenía yo enorme admiración. Cuando le di a firmar un libro, que por cierto vio con mucha molestia porque se trataba de una edición pirata, me puso una dedicatoria: 'A Juan José Arreola, con fe en su destino'. Fue una especie de bautismo, ¿verdad? El libro eran los veinte poemas de amor".