Malas compañías

Lo que se lee en el Metro

El sistema Metro de la Ciudad de México es una conexión de miles de caminos y una conexión de miles de historias personales.

Avanzar por los túneles que conectan las estaciones es compartir el vaivén del vagón, la oscuridad con extraños, el vaho del calor supremo del día, la mezcla de sudores y perfume.

Intrigan las historias individuales, las historias de los usuarios: ¿a dónde van esos pasos?, ¿qué van pensando de estación en estación?

Los usuarios van con paso seguro pero con mirada perdida. Y de pronto el ajetreo diario, la habitualidad de los andenes, la rapidez de las horas, lo que aflige y apremia no dan cabida a la observación del ambiente.

Los recorridos en ese camino diario lleno de empujones, tropiezos, pisadas y hasta recordatorios familiares se suaviza porque a veces -si toca en ese vagón- el cocodrilo, el poeta, el autor Efraín Huerta, te hace partícipe de la poesía.

De modo que si el usuario está de suerte, puede leer en carteles pegados en los vagones maravillas como su Mansa hipérbole:

"Los lunes, miércoles y viernes

soy un indigente sexual;

lo mismo que los martes,

los jueves y los sábados.

Los domingos descanso".

En ese mundo sobre ruedas, un aliciente para el camino tortuoso en las entrañas de la ciudad.

O a medida que el usuario baja del tren y camina por los andenes de la estación puede encontrar, en los anuncios y espectaculares, otros fragmentos del poeta:

"Ciudad que lloras, mía,

maternal, dolorosa,

bella como camelia

y triste como lágrima,

mírame con tus ojos

de tezontle y granito,

caminar por tus calles

como sombra o neblina". (Declaración de amor)

El homenaje que ha estado realizando durante este año a través de la Secretaría de Cultura del GDF también incluye a Paz.

Y de pronto emerge de la bolsa de alguien un boleto del metro ouna tarjeta de ingreso al Metro. En ella Octavio, el nobel, nos recuerda:

"Amar es combatir,

Si dos se besan

el mundo cambia".

Entre trenes, vagones, andenes, torniquetes de salida e ingreso. Entre ese mundo subterráneo, un aliciente avanza en el trayecto, conecta y convoca:

Tu nombre:

Nace de mí, de mi sombra,

amanece por mi piel,

alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,

tímida sobre mi hombro. (Octavio Paz)

Entre empujones, retrasos, enormes descuidos de la infraestructura y un mar de gente, se alcanza a leer algo de poesía. ¡Buen viaje!