Malas compañías

Tres horas con Nicanor

Había ido cuatro veces. Llevaba un tequila, un tequila Pedro Infante. Y tocó y tocó en aquella puerta de madera. Pero nadie le abrió.

Regresó una vez más, una tarde cuando volvió a tocar, cuando volvió a llevar tequila. Iba con un conocido, alguien que se encontró en el camino. Por primera vez, la puerta de madera se abrió y los invitaron a pasar.

Caminaron por un jardín interminable y al fondo, ahí estaba Nicanor, el poeta chileno. Hablaron y conversaron durante tres horas y al final, no logró sacar la foto del poeta.

Entonces el fotógrafo Javier Narváez aprendió que lo importante no es la foto, sino las historias.

Desde niño, Javier tuvo como obsesión la imagen e inició con una cámara Instamatic Kodak (de flashes de cubo); sus primeras capturas fueron las tradicionales escenas de familia, "los quince años de mis primas".

Tiempo después entró a trabajar a la UNAM y entre la variedad de actividades, también empezó a realizar retratos de escritores. La primera exposición que tuvo fue en Cuba: 60 piezas tituladas "Retratos de familia". También ha expuesto en el Centro García Márqueza, en Bogotá y en el interior mexicano.

Ha viajado a La Habana, San José, Manhattan, Barcelona, Buenos Aires, Santiago, Montevideo, para realizar fotografías. También –dice Javier- se aprovechan las ferias internacionales de libro para la captura de las imágenes.

Guarda para sí anécdotas con cada uno de los autores como Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Eduardo Galeano o Nicanor Parra: confesiones, momentos breves de confidencias como antesala para la captura de imagen, para el retrato fotográfico.

El acervo fotográfico de Javier Narváez se compone de más de 800 retratos de escritores latinoamericanos, la mayoría. Van desde premios internacionales hasta escritores menos comerciales.

Los trabajos de Javier se publican en la revista mensual de la UNAM; en la gaceta bimestral del Fondo de Cultura Económica, además han sido seleccionadas para solapas de libros (Gonzalo Celorio, Rosa Beltrán; una gráfica de Elmer Mendoza, hecha en Londres; Margo Glanz, Enrique Serna), además en otras publicaciones sobre literatura.

Recuerda de manera especial, un altar de muertos instalado en Madrid, España, con la foto de José Emilio Pacheco. O la toma de la foto anual de los integrantes de la Academia de la Lengua Española en México. (Desayunando con Javier Narváez y Celina García Garduño en Toluca, cuando asistió a la cobertura del concierto de Oscar Chávez en la UAEM).