Malas compañías

En el café “Woolworth”

Lo recuerdo sentado en una mesa del desaparecido café Woolwoth del centro. Otras veces de camino por el Portal Constitución con su gabardina echada a los hombros con paraguas, periódico y libros en mano para abordar un taxi.

Era Clemente Díaz de la Vega, escritor, historiador, periodista y locutor. Un poeta.

En su acostumbrada mesa del café, el viejo lobo de mar sabía que la reportera en ciernes no tenía notas para cubrir la cuota periodística del día y me aconsejaba sobre posibles entrevistas o reportajes principalmente de cultura local.

Lo entrevisté en varias ocasiones. Recuerdo una en particular relacionada con el cierre del siglo veinte y el inicio del nuevo milenio. Nacido en 1917 el historiador dio un repaso obligado a las grandes efemérides mundiales, entre ellas, el siglo de las guerras y la tecnología, la carrera espacial, los estadistas, los grandes poetas y la minifalda.

Todas las mañanas en la mesa de ese café, en la que siempre hubo un lugar para la plática con amigos, el maestro perfilaba sus historias y anécdotas de personajes mexiquenses o trabajaba algunos aspectos de una revista temática publicada junto con su hijo Clemente, que aún existe. Ya entrada la tarde, el maestro se encerraba en su oficina a escribir.

Era un excelente analista de la política local. Divertido y recurrente. De buen talante y extremadamente cortes. De vez en cuando me aventuraba a bromear con él sobre el café que era malísimo en ese lugar: ¡Es una tortura, maestro!

Sus charlas se centraban en lo que le tocó vivir. La época estudiantil del Instituto Científico y Literario de Toluca, espacio donde realizó sus estudios, siendo parte de la generación que luchó por lograr la autonomía (hoy UAEM). Y, entre otras cosas, esa generación también logró establecer la primera estación de radio de esa institución.

Escuché anécdotas sobre don Isidro Fabela, de quien Clemente Díaz de la Vega fue amigo entrañable. Su admiración era vasta además de que trabajó de manera cercana con el político siendo uno de sus oradores de campaña.

Otras veces hablaba de los poemas de sus condiscípulos José Luis Álamo, Josué Mirlo y Horacio Zúñiga.

Agradezco a su hijo Clemente, me haya hecho llegar el libro Crónicas sin destino, de Díaz de la Vega. Editado en 2013 en la colección Identidad, cultura y sociedad, del Fondo Editorial Estado de México, que contiene un acercamiento sobre algunos personajes de la historia: Zapata, Isidro Fabela, Narciso Bassols, José Vasconcelos, Alfredo Zárate Albarrán, entre otros.

Una publicación que desempolvó mi memoria para recordar con mucho afecto al maestro.