Malas compañías

En busca de la felicidad perdida

El concepto de felicidad es un rollo que alguien se inventó porque no tenía nada qué hacer. Me imagino al pensador en un ambiente bucólico divagando sobre el asunto en una comarca verde esplendorosa con vino, pan y cebolla y bien acompañado, viendo al horizonte cómo se funde el azul del ocaso. Luego entonces, fundamentó: esto es la felicidad.

Desde los siglos de los siglos, explicar la felicidad tiene un lado complejo. Ningún filósofo clásico o moderno ha encontrado la piedra filosofal. El mismísimo Aristóteles en su ética nicomaquea, reconoce que de acuerdo a los modos de vida es cómo se entiende: un enfermo vería la felicidad teniendo salud. Un hombre pobre teniendo riqueza.

El pensamiento religioso occidental concibe a la felicidad a través de la religión universal: teniendo a Dios en el corazón. Los orientales, en la serenidad interna: cuerpo y alma equilibrados. Los seguidores de Nietzsche aluden a que el ser humano llegó a este mundo para sufrir y, por tanto, eso que se llama felicidad no existe. Los estoicos, en la aceptación al devenir cotidiano aun en lo adverso. Los pensadores modernos como Lipovetsky dicen que la sociedad es feliz (o trata de serlo) a través del individualismo y el consumo.

Esta sociedad moderna vive (o mal vive) de distintos modos la felicidad. Tiene opiniones personales sobre lo que es o no es un estado anímico de contento o de gozo. Vemos que para muchos la felicidad está supedita en la superficialidad: la carísima ropa y marroquinería de firma, la asistencia a restaurantes de lujo, la copa en el pub de moda, el viaje a Las Vegas o Nueva York (tan enboga), la tecnología, en fin, todo y más hasta que la tarjeta de crédito aguante.

Y para otros, en tiempos tan adversa, el mínimo de goce está centrado en cubrir las necesidades básicas: el alquiler, el transporte, el pago de servicios, las colegiaturas. La despensa de la quincena. Y hasta en el tema del esparcimiento, que dejen cantar a Kiss y a Guns N' Roses.

Así, la gente además busca que, en casos como los de Toluca o en Metepec,no la asalten en sus casas, en el autobús rumbo al trabajo o a la escuela. ¡Eso sí que sería la felicidad completa!

Ayer se celebró por segundo año consecutivo el Día Internacional de la Felicidad (instituida por Naciones Unidas) que insta a los gobiernos hacer realidad políticas públicas que incidan en los satisfactores de vida de la población.

Me han dicho que las amas de casa conciben su felicidad a través del precio por el kilo del limón. Desean un costo más bajo, ya no les costea hacer una agua fresca para la familia.

Y para las micheladas, ya mejor no hablamos...