Malas compañías

En el año que llega

Llega el año 2015. Abrupto, chispeante y, con él, una multitud de buenos deseos, promesas y anhelos: la lista es interminable de lo que hemos decidido dejar de hacer o poner en marcha de una buena vez.

En cada inicio de periodo se alistan esos propósitos, así como se apremia –y vislumbra- un cambio de vida.

Se consulta a los astros, se recurre a las pitonisas o la cartomancia de letrero en calles o postes. Se busca con ahínco esos servicios ofertados desde el aparador de la tienda o panadería.

Otros rezan al santo de su devoción y los escépticos a la luna. Se compran billetes de loterías, juegan al Melate. La mayoría está a la espera de un futuro favorecido por la fortuna económica, amorosa y salud.

Llega el nuevo año y queremos sacarnos "el gordo", encontrar novio o novia, contraer matrimonio, hay quienes también desean divorciarse. Anhelamos tener salud y por tanto prolongar (tendiendo dinero y amor) nuestra existencia.

La lista de intenciones incluye echar abajo esos kilos que siempre nos han estorbado y llegamos a pagar la primera mensualidad del gimnasio de moda; también se hacen el propósito de dejar de fumar y tomar alcohol, o bien, disminuir la cantidad de cigarrillos e ingesta.

Hay quienes le apuestan a un cambio tajante de vida: irse a vivir a otra ciudad, cambiar de empleo. Vivir nuevas aventuras y ser viajero frecuente. Avecindarse en una playa o apoltronarse frente al televisor sin tener que checar la tarjeta laboral o vivir de las quincenas. En fin, deseamos cambiar el destino y, a grosso modo, ser mejores de acuerdo a cánones personalísimos.

Intentamos todo porque nos sobrecoge la fantasía decembrina. Nos alientan esos buenos deseos que recibimos y damos, en ese toma y daca de celofanes, pinos y esferas. De aguinaldos y nochebuenas.

Hacemos buenos propósitos –y deseamos imposibles- porque estamos encandilados con tanta luz de color.

Pero a medida que corren los días y se impone la feroz cuesta de enero, la lista de propósitos y deseos se desdibuja. Es entonces cuando nos ubicamos en nuestra realidad y en nuestras circunstancias.

Y así comenzamos a vivir el año que inicia, siendo tan humanos como siempre.

¡Qué sea un buen 2015 para todos!