Malas compañías

De amor y puentes

Y se despertó y se fue.

Después de tantos malos augurios y falsas noticias, Gustavo Cerati por fin se fue a otra ciudad de furia. Cualquiera, tal vez.

Como "el ángel inquieto que sobrevuela la ciudad de la furia. Comprendemos todo, tu voz nos advierte la verdad. Tu voz más linda que nunca": Luis Alberto Spinetta.

Mimetizado en la música durante dieciocho años, el cantante argentino lanzó quince discos discos y participó (de diferentes vertientes) en alrededor de 45 álbumes con artistas.

"Yo hago música porque me divierto mucho. Es como una especie de gimnasia emocional, intelectual y me lleva a un lugar de entusiasmo y de locura que pocas cosas me producen": Gustavo Cerati, citado en el libro Cerati en primera persona, de Maitena Aboitiz, Ediciones B, 2013.

El libro aborda el pensamiento, un tanto ecléctico del artista, el transcurrir de las grabaciones: los por qué de cada mezcla, de cada letras (poemas les llamo) de sus discos en solitario. Desde Colores Santos (1992) a Fuerza natural (2010).

La autora argentina reconstruye el pensamiento de Cerati a partir de diferentes entrevistas de prensa. Son testimonios directos del cantante. Buscó el rigor en la reproducción de ideas ceratianas.

Fluye en una suerte de relato en primera persona a través de la cual "se expone con la mayor fidelidad el universo creativo y la sensibilidad de un artista" inagotable de descubrir. Vale la pena adentrarse en el relato.

Un artista que fue capaz de inundar foros ya sea en España, Argentina, México o Chile, además de cientos de ciudades de Latinoamérica, Cerati nos deja fuerza, magia y hasta a veces un deja vu.

Ya nada será igual.

Siempre te preferí, a través de una persiana americana: ¡qué noche la de tú adiós con Soda en el Palacio de los Deportes. Luego, tú en solitario la noche en el Auditorio!

Y, desde aquel día cuando despertó y se fue, uno se pregunta qué pensaba en su sueño, ese constructor (delator) del amor como puente. ¿Viste?