Malas compañías

Vampiros II

Este grupo estudiantil, integrado por alrededor de cien alumnos -aunque se dice que era una treintena los más inquietos- surge como un contingente deportivo del Instituto Científico y Literario Autónomo (hoy UAEM), para luego tener una participación en actividades de ocio y recreación, además como un activo político y social en Toluca.

Por ejemplo, apoyaron la conversión del instituto a universidad autónoma; realizaron huelgas y 'toma de camiones' por aumento del trasporte urbano y mostraban apoyo y simpatía por causas estudiantiles de otras entidades, además de reiteradas protestas contra autoridades locales.

En esa suerte de años maravillosos (1952 a 1966 aproximadamente), Ezequiel, el Truxon, Carrillo comenta: "éramos una hermandad, una fraternidad. Nos inclinábamos y uníamos por todas las causas, una de las más famosas fue cuando protestamos en contra el director (del instituto) Mario Colín; queríamos quitarlo". (La incordia con el director tuvo varias versiones, una de ellas, porque se negó a financiarles un baile).

Publicaban (en mimeógrafo) panfletos con consignas y textos en apoyo a causas y caricaturas políticas, como sátira del gobierno y sus gobernantes en turno.

Los vampiros tuvieron una participación directa en muchos desasosiegos callejeros y su actuar a veces contravenía a los habitantes. Los focos de su atención (y desastre) eran el café de don José Lio, el cine Coliseo, la panadería Cristal; la tienda de abarrotes 'El Estudiante', del famoso tío Pepe, (expendio que tuvo una existencia de más de 45 años en Toluca) y la escuela particular del maestro Rodolfo Soto, quien "nos correteaba y nos pegaba con su bastón", relata el Truxon.

Tuvieron como 'chanza navideña', pedir posada en la cárcel central, que se ubicaba enfrente del instituto, para, una vez en el interior, cantarles la letanía a los internos. De hecho, dice el exvampiro Carrillo, que usaban las instalaciones de la cárcel como patio de juegos.

El peso que tuvo el club frente a la autoridad escolar le permitió tener un espacio propio en el instituto y no ser reprendidos por 'las perradas', el rito de iniciación para alumnos de nuevo ingreso.

Consistía en adoptar un alumno de recién ingreso, quien era rapado, pintado y encadenado. Era sujeto a la ley del cerrillo, es decir, la duración del fósforo encendido hasta llegar a los dedos, determinaba el tiempo para quedar en paños menores. Los jóvenes eran tirados a la alberca del instituto y expuestos por las calles. ¡Pelo, pelo! ¡Perro, perro!

¿Pero quiénes eran los vampiros? En la siguiente entrega los nombres.